Simojovel, Chis., 1 de julio de 1998.

Versión estenográfica de las palabras del presidente Ernesto Zedillo, durante la evaluación del Programa Estatal de Alfabetización, que encabezó en la Escuela Secundaria Técnica No. 42, de este municipio.

Muy apreciado señor gobernador del estado de Chiapas, Roberto Albores;
Señor Presidente municipal de Simojovel;
Amigas y amigos de Chiapas:

Me da mucho gusto estar nuevamente con ustedes. En especial, mucho me satisface estar aquí, en Simojovel, y tal como lo ha planteado nuestra amiga Alejandra Pérez, yo confío en que ésta no será la última vez en que yo tenga el gusto de estar con ustedes. Ojalá que pueda volver a Simojovel.

Y también me da mucho gusto estar nuevamente aquí, en su estado, porque el Gobierno de la República tiene muchos compromisos con Chiapas y vamos a cumplirlos todos.

Hace un año, como aquí se ha recordado, en una gira de trabajo que hice a Pantelhó me comprometí a que el Gobierno Federal realizaría un esfuerzo especial para reducir los graves rezagos que ha padecido Chiapas en materia de alfabetización y educación para adultos.

A partir de esa iniciativa, las autoridades educativas de la Federación y del estado organizaron el Programa de Alfabetización y Primaria para Adultos 1997-2000.

Resulta muy satisfactorio comprobar que en menos de un año de trabajo, casi 13 mil 500 alfabetizadores han atendido a más de 86 mil adultos, siempre en la lengua materna de los educandos y en español.

Como ya lo escuchamos aquí, muchos de estos alfabetizadores son estudiantes que hacen trabajo voluntario y merecen todo nuestro reconocimiento. Por eso, hoy aquí, todos felicitamos a esos alfabetizadores. ¡Muchas gracias!

Pero el mayor reconocimiento, sin duda, tiene que ir para quienes han tenido las ganas, quienes han puesto el esfuerzo para recibir esta alfabetización, esta educación para adultos. Y por eso a todas las personas, como Alejandra Pérez, de quien hemos recibido un testimonio extraordinario, también va nuestro reconocimiento y nuestra felicitación.

Los servicios de alfabetización y de educación de adultos, como otros que hemos entregado a las comunidades, son para todos sus miembros, son para todas las familias.

Además de los problemas de atraso y pobreza que se viven en Chiapas, un problema muy grave es la división que se ha dado en el seno de algunas comunidades y entre unas comunidades y otras.

No debemos permitir que por las divisiones dentro de las comunidades o entre ellas, haya personas o familias que se queden sin los servicios de educación. Todos tienen derecho a ellos, porque todos son chiapanecos y todos son mexicanos.

El Gobierno brinda estos servicios sin hacer ninguna distinción por las creencias religiosas o las diferentes preferencias políticas.

Cada quien tiene derecho a pensar como quiera, a profesar la religión que quiera, a tener las ideas políticas que quiera y, al mismo tiempo, tiene derecho a la educación y a todos los demás servicios que el Gobierno debe proporcionar a todas las personas.

La apertura de más escuelas, la edificación de más centros de salud, la construcción de más caminos, la multiplicación de apoyos productivos, deben ser factor de unidad.

Son servicios para que las comunidades vivan más unidas y con mejores posibilidades para todos sus integrantes.

De ahí que resulte tan importante que todos trabajemos por lograr, cuanto antes, la reconciliación en las comunidades y entre las comunidades.

Y también que todos pongamos nuestra parte para que se termine el conflicto que empezó hace ya más de cuatro años.

El Gobierno de la República ha puesto el mayor esfuerzo para que el conflicto en Chiapas se solucione por la vía política y nunca por la violencia.

Desde que comenzó el Gobierno que presido, incluso desde meses antes, hemos sido nosotros quienes invitamos a la negociación.

Antes de asumir la Presidencia de la República, establecí directamente contacto con la dirigencia del EZLN y expresé nuestra firme voluntad para entablar una negociación que condujera a la solución política del conflicto, que todos los mexicanos deseamos todavía.

La tolerancia y la paciencia han estado desde entonces del lado del Gobierno, aun en momentos de gran prueba.

Incluso, por ejemplo, cuando en diciembre de 1994, a pesar de los contactos previos y de lo que nos habíamos comunicado recíprocamente el EZLN y un servidor, entonces se dieron en Chiapas acciones violatorias de la Constitución que contribuyeron a precipitar la crisis financiera del país, que impuso un severo costo económico y humano a la gran mayoría de los mexicanos.

En otros momentos críticos, como en febrero de 1995, el Gobierno dio prioridad a evitar la violencia y el enfrentamiento, y actuó con prudencia aun a costa de la eficacia en la ejecución de órdenes judiciales.

Con el Honorable Congreso de la Unión, el Gobierno impulsó y logró una ley de consenso, la Ley para el Diálogo, la Conciliación y la Paz Digna en Chiapas, con la que se dio seguridad y legalidad a la negociación.

Uno de los objetivos establecidos en esta Ley es propiciar que quienes se han inconformado, participen en el ejercicio de la política dentro del marco legal vigente, con respeto absoluto a su dignidad y las garantías de ciudadanos mexicanos. Este objetivo sigue siendo válido.

En la Ley se establece también que las autoridades judiciales mantendrán suspendidos los procedimientos iniciados en contra de quienes, en su momento, irrumpieron violentamente y declararon la guerra al Estado Mexicano. La Ley establece que esta suspensión se mantendrá siempre que continúen las negociaciones para la suscripción del Acuerdo de Concordia y Pacificación a que se refiere la Ley.

Aunque esta condición no ha sido cumplida por quienes sostienen la amenaza de la violencia, el Gobierno de la República ha mantenido en la práctica el principio que la inspira, como expresión clara de su voluntad de construir una solución política al conflicto.

Esta actitud abierta y tolerante del Gobierno de la República es la que ha permitido que, hoy en día, connotados dirigentes del EZLN que habían sido arrestados y sujetos a proceso judicial, estén gozando de plena libertad y llevando a cabo, sin ninguna cortapisa, un intenso proselitismo a favor del grupo armado.

Sobre la base de la Ley acordada por el Congreso de la Unión, también fue el Gobierno Federal el que propuso las bases para el diálogo y la negociación, recogidas en el Acuerdo de San Miguel, y que permitieron encauzar las negociaciones, sin menoscabo de que cada parte mantuviera sus opiniones.

Como muestra de buena fe, el Gobierno Federal aceptó a ciertos intermediarios, aun a sabiendas de la parcialidad de los mismos. Esa buena fe, como se ha visto después, fue defraudada.

Hay que recordar que en el Acuerdo de San Miguel, las partes nos comprometimos a mantener el diálogo de manera permanente, a superar cualquier incidente ajeno a la negociación y todos los desacuerdos sobre la negociación, sin levantarnos de la mesa de pláticas.

En el curso de las negociaciones, han sido los representantes del Gobierno quienes siempre acudieron puntualmente a las sesiones de negociación y quienes siempre presentaron propuestas concretas para resolver el conflicto.

Con la más firme voluntad de llegar al entendimiento que permitiera resolver el conflicto, firmamos los acuerdos de San Andrés Larráinzar, que siempre hemos estado dispuestos a cumplir, salvaguardando, eso sí, conforme a la Constitución de la República, la integridad del territorio nacional, la unidad de los mexicanos y la soberanía de la nación.

Estamos dispuestos a cumplir los acuerdos alcanzados, sin volver a condiciones de desigualdad que, desde hace mucho, han sido superadas por las luchas del pueblo mexicano, sin dar pasos atrás en materia de derechos individuales.

En cumplimiento de estos acuerdos, ha sido el Gobierno Federal el que propuso al Honorable Congreso de la Unión una Iniciativa de Reforma a la Constitución en Materia de Derechos y Cultura Indígenas.

Los hechos demuestran que ha sido el Gobierno de la República el que ha puesto toda su voluntad, hasta el límite de sus facultades constitucionales, para resolver el conflicto pacíficamente y no por la fuerza; para resolverlo dialogando y negociando, con ánimo sincero, pensando en todos los chiapanecos y en todos los mexicanos.

Desafortunadamente, el Gobierno no ha encontrado reciprocidad.

No ha sido el Gobierno el que se ha levantado de la mesa de negociación unilateralmente.

No ha sido el Gobierno el que, con diversos pretextos, no cumple los Acuerdos de San Miguel.

Han sido otros los que han desatendido la demanda de todos los mexicanos, de dejar la amenaza de las armas, de convertirse en fuerza política dentro de la Ley y de luchar por sus objetivos en el marco de la democracia.

Estos son los hechos que, con objetividad, todos los mexicanos hemos visto.

Por eso faltan a la verdad quienes sostienen que el Gobierno de la República practica un doble lenguaje, una doble manera de actuar.

Una vez más, categóricamente afirmo que no es así. El Gobierno de la República sigue firme en su voluntad de negociar y de solucionar el conflicto políticamente, sin violencia, en favor de las comunidades indígenas.

El Gobierno sigue y seguirá teniendo la firme voluntad de resolver el conflicto sin vencer a nadie. A pesar de las declaraciones de otros, el Gobierno de la República nunca ha estado ni estará en guerra contra grupo alguno de mexicanos. No puede haber guerras entre mexicanos.

Pero esto no significa que el Gobierno pueda ni deba renunciar a su responsabilidad constitucional de defender los derechos de todos los mexicanos.

El Gobierno no puede permanecer pasivo cuando se atropellan los derechos de quienes no están de acuerdo con quienes amenazan con la violencia para imponer su dominio entre las comunidades.

Este criterio es válido para quienes se inconformaron en 1994, así como para otros grupos que han pretendido arrogarse la causa de la paz y de la justicia.

El Gobierno atenderá toda demanda en contra de cualquier grupo, de cualquier ideología, que atente contra la vida y los derechos de otros mexicanos, simplemente porque no piensan como ellos.

No toleraremos grupos paramilitares de ningún signo.

No hay doble lenguaje.

He afirmado con absoluta convicción que el Gobierno comparte las causas de la justicia que los inconformes dicen defender. Pero el Gobierno debe atender, también otras causas legítimas, no renunciables, que son las de muchos otros chiapanecos, indígenas y no indígenas, que son las causas de muchos otros mexicanos.

El Gobierno de la República tiene la obligación de ser sensible a los intereses legítimos de todos los grupos, no solamente de uno, por justa que pueda ser su causa.

Esta es, por ejemplo, la función que honrosa y dignamente cumple el Ejército de la República en Chiapas, que está aquí para evitar la violencia, no para ejercerla en contra de nadie en particular, como lo ha demostrado claramente con su actuación a lo largo de más de cuatro años.

El Ejército Mexicano está aquí para proteger los derechos de quienes no creen en la amenaza de la violencia como medio para superar los problemas sociales de las comunidades indígenas.

El Ejército está en Chiapas para evitar el enfrentamiento entre comunidades y el abuso de grupos de cualquier signo, abuso que si se permite, provoca más violencia y más graves y trágicos crímenes, como en los casos que ya hemos tenido que lamentar.

Hay quienes dicen que retirando al Ejército unilateralmente se generarían condiciones para el diálogo.

Quienes así opinan, no piensan en la gran mayoría de los indígenas chiapanecos, que han sufrido la amenaza de la violencia o viven acechados por ella.

Quienes exigen esa medida, no se preguntan qué pasaría con la población inerme que tiene derechos tan legítimos como los de todo mexicano.

No parecen preocuparse por los derechos de quienes no desean someterse a la voluntad del grupo que ha declarado la guerra al Estado Mexicano y mantiene la amenaza del uso de las armas.

Por ello insisto en que no es el Gobierno el que ha tenido, ni tendrá, un doble discurso.

Quienes tienen un doble lenguaje son los que se dijeron mediadores y fallaron en esa tarea por anteponer su parcialidad y sus intereses de grupo.

Quienes utilizan un doble lenguaje son los que se pronuncian en favor del diálogo, pero justifican que se interrumpa unilateralmente.

Quienes utilizan el doble lenguaje son quienes dicen defender los derechos humanos y los intereses de las comunidades, pero lo hacen sólo respecto a quienes simpatizan políticamente con ellos, ignorando los atropellos que sufren otras personas y otras comunidades.

Quienes utilizan un doble lenguaje, son quienes hablan de legalidad y de respeto a la Constitución, pero promueven activa y constantemente la participación de extranjeros en el conflicto, en clara contradicción con el mandato constitucional y con el sentimiento de la gran mayoría de los mexicanos.

Porque conocemos las consecuencias que trae consigo la intervención de extranjeros en los asuntos políticos del país, el Gobierno seguirá rechazando con los medios que le da la Ley, la injerencia de extranjeros en los asuntos que sólo nos compete a los mexicanos resolver.

El Gobierno ha sido y seguirá siendo congruente en su voluntad de diálogo, pero no a costa de la legalidad, ni de la integridad de nuestro territorio, ni de la soberanía nacional.

El Gobierno hará lo necesario para impedir que los radicales y los intolerantes de cualquier lado impongan su afán de violencia.

No podemos permitir que las minorías intransigentes y extremistas se impongan al deseo y a la voluntad de conciliación y de paz, digna de la inmensa mayoría de los mexicanos.

No debemos permitir que se impongan ni cacicazgos de viejo cuño, ni quienes dicen querer resolver las injusticias, pero rechazan la ley y la democracia.

La inmensa mayoría de los mexicanos queremos justicia para Chiapas. Queremos justicia para quienes sufren condiciones de pobreza y marginación. Queremos justicia para nuestras hermanas y nuestros hermanos indígenas.

Queremos justicia para Chiapas, en el marco de la democracia, en el marco del pluralismo, en un marco de reconciliación, donde se respete la manera de pensar y de vivir de cada quien en todas las comunidades.

Sólo con la palabra, con el diálogo, escuchando unos a otros, podremos evitar más sufrimientos para quienes han sido víctimas de la violencia y para quienes viven con temor por ella.

Lo podemos lograr negociando la salida política al conflicto, que quiere decir que una y otra parte deben ceder para que todos ganen.

Deben dejarse atrás las posiciones de quienes plantean el todo o el nada, pues quienes lo hacen acaban quedándose con el nada.

Sólo así podremos dedicar toda nuestra fuerza, la fuerza de todos, a resolver los problemas profundos de Chiapas, los problemas viejos y nuevos de la pobreza, del abuso, de la desigualdad, de la injusticia.

Una vez más digo aquí en Chiapas, a todos los chiapanecos y a todos los mexicanos, que el Gobierno Federal está abierto a la negociación para resolver el conflicto políticamente.

Que el Gobierno no será nunca el agresor de nadie, pero tampoco renunciará a su obligación de hacer valer el Estado de Derecho.

Una vez más, reitero que el Gobierno no quiere que haya vencedores ni derrotados, el Gobierno sólo quiere el triunfo de México, el triunfo de la ley, el triunfo de !a justicia, el triunfo de la democracia.

Para lograrlo, ya no debemos aceptar protagonismos, liderazgos mesiánicos, ni apostolados de la hipocresía.

Debemos pensar únicamente en la gente, en el futuro que será mejor sólo si trabajamos dentro de la ley, con la fuerza de las instituciones, en la conciliación democrática.

Sólo así todos los chiapanecos, sobre todo las comunidades indígenas, tendrán más y mejor educación, más y mejores servicios de salud, más y mejores caminos y carreteras, más y mejores oportunidades de trabajo y de bienestar social.

El Gobierno Federal seguirá trabajando intensamente por la seguridad y la superación social de todos los chiapanecos.

El Gobierno de la República seguirá trabajando con las autoridades estatales y municipales, con las organizaciones sociales y con las comunidades, para resolver los problemas de la pobreza, sin manipulación y procurando siempre la equidad.

Por eso, amigas y amigos alfabetizadores, amigas y amigos de Chiapas que buscan en la educación un instrumento para vivir mejor por su propio esfuerzo, seguiremos adelante en esta noble tarea de dar educación a los adultos que en su momento no pudieron tenerla.

Por eso, exhorto a todos los chiapanecos y a todos quienes están verdaderamente interesados en el progreso del pueblo de Chiapas, a poner la parte que a cada quien le corresponde, para construir el futuro mejor que todos los mexicanos queremos para este gran estado.

Muchas gracias.