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Las Margaritas, Chis., 12 de
junio de 1998.
Versión estenográfica de las palabras del
presidente Ernesto Zedillo, durante la ceremonia
en la que atestiguó la firma del Acuerdo de
Coordinación para la Estabilidad Política, la
Reconciliación Comunitaria, el Desarrollo Social
y el Crecimiento Económico, entre el gobierno
del estado y los 42 municipios de zonas
prioritarias del estado de Chiapas, en el parque
central de este municipio.
Muy apreciado señor gobernador del estado de
Chiapas, Roberto Albores Guillén;
Muy apreciados señores Presidentes municipales;
Amigas y amigos representantes de las
organizaciones sociales y de las comunidades;
Amigas y amigos de Chiapas:
Es muy satisfactorio regresar, una vez más, a su
querido estado.
Déjenme decirles que mucho me enorgullece saber
que soy el primer Presidente de la República que
viene aquí, a Las Margaritas. (Aplausos). Les
aseguro que esta será la primera, pero no la
última vez que los visite.
La ocasión es más señalada porque nos congrega
la firma del Acuerdo de Coordinación para la
Estabilidad Política, la Reconciliación
Comunitaria, el Desarrollo Social y el
Crecimiento Económico, entre el gobierno del
estado y los 42 municipios de zonas prioritarias
de su estado.
Quiero comenzar expresando un sentimiento que
creo nos une a todos los que estamos aquí. Todos
habríamos querido que el día de la
presentación de este Acuerdo tan importante para
los 42 municipios aquí representados, fuese un
día de fiesta, pero no lo puede ser. No lo puede
ser porque la violencia ha vuelto a enlutar
familias y comunidades chiapanecas, familias y
comunidades mexicanas.
Los acontecimientos del pasado martes, cuando un
grupo de campesinos, de humildes campesinos,
fueron emboscados, y del pasado miércoles,
acontecimientos aún más trágicos, cuando se
dio un choque entre fuerzas de seguridad pública
y miembros de las comunidades del municipio del
Bosque, son acontecimientos que mucho nos
entristecen a todos los mexicanos y a todos los
chiapanecos. Por eso, quiero pedirle a todos
ustedes que pensemos en esos mexicanos, de una y
otra de las partes, que perdieron la vida.
Pensemos en esos hogares que ya no serán
iguales, en esas familias que ahora llevarán
siempre un gran dolor; en esos niños, en esas
mujeres a quienes les hará falta su padre y su
esposo.
Como Presidente y como mexicano confío en que en
todos los rincones de Chiapas y del país haya
espacio y disposición para una reflexión, para
un pensamiento, para esa tristeza que, yo sé,
nos une a todos aquí.
Todos debemos reflexionar si la violencia, venga
de donde venga, puede conducir a algo bueno. Soy
de los que están convencidos de que la violencia
no nos lleva a nada bueno. Por eso, he llamado y
seguiré llamando a repudiar la violencia, a
rechazarla, como medio para conseguir algo por
valioso que parezca; a renunciar a la violencia
porque no resuelve ningún problema. La violencia
no resuelve ninguna carencia, ninguna injusticia.
La mejor protección contra la violencia está en
cumplir la ley, en respetarnos siempre los unos a
los otros, estemos o no de acuerdo entre
nosotros, en practicar siempre la tolerancia y en
procurar el diálogo.
Hoy aquí, en Margaritas, quiero reiterar dos
puntos fundamentales: el primero, es que la
violación de la ley no es una forma de paz. El
permitir que se viole la ley puede parecer para
algunos que es el precio que hay que pagar por la
paz, eso es falso. Por un tiempo muy corto la
violación de la ley puede simular ser una forma
de paz, pero no lo es. Más pronto que tarde la
violación sistemática de la ley no puede dar
seguridad, no puede dar certidumbre, no puede dar
confianza a nadie.
La violación de la ley siempre acaba por
provocar más violencia, por provocar impunidad,
por provocar rencor y por provocar más odio
entre chiapanecos y mexicanos. Se tiene que hacer
valer la ley para evitar mayor violencia, mayor
dolor, mayor inseguridad.
Cada nivel de gobierno y cada autoridad tienen la
obligación de hacer prevalecer la ley; tienen la
obligación de velar porque se respeten los
derechos de todos, sean mayoría o sean minoría.
También tienen la obligación de evitar que se
usurpen la representación, la autoridad y la
función que les ha conferido la propia ley a las
autoridades.
Lamentablemente, el cumplimiento de esas
obligaciones se aprovecha por quienes creen en la
violencia para hacer provocaciones; para hacer
provocaciones que resultan en enfrentamientos, en
muertes y hogares destruidos y en dolor humano.
Así como repudiamos esos actos provocados por
quienes no les importa si hay sufrimiento y
muerte, así también debemos ser extremadamente
cuidadosos en cumplir la ley, respetando la vida,
las garantías de cada individuo y los derechos y
la dignidad de cada persona. (Aplausos).
Si no actuamos así, quienes acaban perdiendo son
los más débiles, los más necesitados, los que
menos tienen, y quienes acaban ganando son los
que prefieren la violencia y el odio, la venganza
y la discordia, la muerte y la destrucción.
Debemos evitar a toda costa que acaben
imponiéndose los más radicales de cada lado.
Entre todos debemos evitar que se impongan los
extremistas de cada lado, que sólo conciben la
solución como la destrucción de quienes no
piensan como ellos. Impidamos que los pocos que
en cada lado creen en la violencia, acaben
imponiéndose por la fuerza de los hechos.
Nunca permitamos que la violencia se imponga por
la fuerza de la costumbre, frenemos la violencia
antes de que otros se vuelvan insensibles y,
aún, cínicos frente a su triste repetición.
Frenemos la violencia haciendo respetar la ley,
pero también encontrando las soluciones a los
problemas reales que motivaron a quienes se han
inconformado, y esto me lleva al segundo punto en
el que quiero insistir.
Sólo tendiendo puentes y cruzándolos podemos
encontrar esas soluciones; sólo hablando podemos
ganar la partida a los partidarios de la
violencia, sólo dialogando podemos evitar ya
nuevos sufrimientos y más discordia, que
únicamente están atrasando la atención a lo
que más nos importa y nos preocupa: la pobreza,
el abandono y la injusticia.
Podemos despejar el terreno para entablar un
diálogo directo, respetuoso y, ciertamente,
fecundo; un diálogo que sea la base para dejar
atrás el encono y avanzar a una vida digna en la
ley, en la pluralidad, en la tranquilidad y en la
democracia. Esta seguirá siendo la posición del
Gobierno de la República, proponer y procurar el
diálogo como base de la negociación y, ésta,
como base del acuerdo.
Hoy, reitero que está abierta, sin condiciones,
la vía del diálogo directo. Queremos dialogar,
no queremos derrotar a nadie, no queremos la
rendición de nadie, queremos su parte en el
diálogo que piden todos los mexicanos; el
Gobierno de la República no abandonará esta
posición.
Tengo la convicción de que la vía del diálogo
es la única que puede solucionar todo conflicto
y mantendré esta convicción cada día de mi
mandato, como Presidente de la República.
Con mayor razón ahora, aquí ustedes están
demostrando que se están uniendo en favor del
acuerdo y el esfuerzo conjunto, resulta alentador
que después de mucho trabajo se llegue a este
acuerdo de coordinación entre el gobierno del
estado y los 42 municipios aquí representados.
Es un paso adelante, porque culmina un cuidadoso
esfuerzo de concertación y diálogo que han
sabido conducir con compromiso y seriedad, el
gobernador Albores y los Presidentes municipales,
así como las organizaciones sociales y las
comunidades da cada uno de ustedes.
Es un paso adelante, porque este acuerdo ratifica
la voluntad de concertación y de unidad en lo
esencial, de la gente de regiones como Las
Cañadas, Los Altos, Norte y la Chol-Tzeltal,
donde funcionan ya Acuerdos para el desarrollo
social.
Este acuerdo responde a las demandas más
sentidas de más de un millón de habitantes de
las regiones Selva, Altos, Norte, Sierra,
Fronteriza y Centro Frailesca. Con este acuerdo,
se fortalecen y se amplían los programas que
hace tres años vienen funcionando para superar
la pobreza y para impulsar el desarrollo
productivo en municipios que necesitan un fuerte
apoyo para salir adelante.
Gracias a este acuerdo podremos ir incorporando
la solución a demandas como las que aquí han
planteado el presidente municipal de Las
Margaritas, el profesor Armando Levi, el
compañero Emilio Hernández de la Organización
Lucha Campesina, el señor Presidente municipal
de Simojovel, y todos ustedes los que han estado
participando y estarán participando en este
acuerdo.
Con este acuerdo, en el curso de 1998, el
Gobierno de la República y el gobierno del
estado aplicarán recursos en los 42 municipios
comprendidos, recursos por más de 2 mil 400
millones de pesos.
Con esos recursos, se realizarán más de 4 mil
300 obras que ustedes mismos han definido y
seguirán definiendo como las más importantes
para sus comunidades y sus municipios.
Es un acuerdo sólido porque ha sido construido
de abajo para arriba, reconociendo y recogiendo
las demandas más urgentes de la población y es
un acuerdo que pone el ejemplo de que podemos y
debemos dejar a un lado nuestras diferencias para
sumar esfuerzos, atender carencias y edificar un
futuro mejor para nuestros hijos.
Con respeto a las diferencias y a las
convicciones de todos, nunca con la violencia,
podremos resolver todos los problemas, nuevos y
viejos, que aquejan a Chiapas.
Esta es la lección que están dando hoy los 42
municipios aquí representados, es una lección
para este querido estado de Chiapas, es una
lección para todo nuestro México.
Gracias.
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