| Los
Pinos, 14 de diciembre de 1998. Extractos de la
entrevista que concedió el presidente Ernesto
Zedillo, al periodista radial Alvaro Vargas
Llosa, de RCN, de Miami, Florida, Estados Unidos
de América, en la residencia oficial de Los
Pinos.
-Alvaro Vargas:
Bien, amigos, como les había anunciado a lo
largo de la semana, el presidente de la
República Mexicana, el doctor Ernesto Zedillo,
ha tenido la enorme amabilidad de recibirme en
Los Pinos, que es --como saben ustedes-- la
Residencia, la sede de la Presidencia de la
República. En realidad, lo es desde ya algunos
años. Entiendo que desde que Lázaro Cárdenas
mudara la sede de la Presidencia, de Chapultepec
aquí, a Los Pinos.
Y el Presidente, a
pesar de una agenda muy recargada, ha tenido la
enorme amabilidad de recibirme en su despacho,
para conversar sobre asuntos de política, tanto
doméstica como exterior.
Presidente
Zedillo, es un inmenso placer recibirlo en RCN
Miami y, a través de RCN Miami, en una enorme
cantidad de auditorio simultáneo. Encantado,
muchísimo gusto.
-Presidente
Ernesto Zedillo: El gusto es mío, Alvaro.
Qué bueno que tendremos esta oportunidad de
platicar y, a través de su programa, pues
conversar con muchas personas en América Latina.
[ . . . ]
-Alvaro Vargas:
Señor Presidente: Chiapas.
Hay quienes dicen:
el presidente Zedillo hubiera podido acabar con
esta pesadilla si simplemente mandara un
destacamento militar con órdenes muy estrictas
de acabar con esos rebeldes.
Rebeldes que
causaron mucho impacto en los comienzos, que
tuvieron obviamente mucha prensa internacional,
pero que en los últimos tiempos se han visto
cada vez más relegados, no solamente por su
obvia falta de incidencia real en la población
indígena del sur de México, sino también
porque ya --incluso-- la prensa extranjera se
ocupa cada vez menos de ellos.
¿Por qué el
presidente Zedillo no se ha animado a acabar con
esta rebelión de una vez por todas? ¿Y por qué
perpetúa esta situación de negociación
entrampada, enfangada, que nunca lleva a ninguna
parte y que le sigue dando a ellos, a los
zapatistas, una especie de plataformas, que
aunque no haya ya el mismo interés en la prensa
internacional, de todas maneras los mantiene
vivitos y coleando?
¿Por qué el
presidente Zedillo no ha acabado, a sangre y
fuego, con los zapatistas?
-Presidente
Ernesto Zedillo: Bueno, como cuestión de
principio, Alvaro, no creo en la violencia. Yo
creo en la política, yo creo en el
entendimiento, yo creo en el diálogo,
ciertamente, creo en el Estado de Derecho.
Y algo muy
interesante acerca de esta situación en Chiapas
y del EZLN, es que desde el inicio el Gobierno
promovió darle un marco de derecho a esta
situación para poder negociar.
Y ya siendo yo
Presidente de la República en 1995, pues
promoví una ley con todos los partidos
políticos, y todos la apoyaron, para poderle dar
cauce a esta situación sin necesidad de poner a
estas personas en una situación de violación
del Estado de Derecho y, por lo mismo, verse
obligado el Estado a incurrir en la persecución
o la represión.
Yo creo que este
es un asunto político y tiene que tener una
solución política.
El Gobierno ha
actuado en varias vertientes de manera
simultánea, en primer lugar, declarando esto un
problema político, que solamente puede
resolverse por la vía del diálogo y la
negociación; declarando unilateralmente que no
va a utilizar la violencia, actitud, por cierto,
que ha sido correspondida por este grupo de
personas inconformes.
En realidad, no ha
habido actos de enfrentamiento entre fuerzas
públicas y este grupo de gran significado, desde
que esta situación se presentó públicamente a
principios de 1994. Esto es algo que hay que
subrayar.
En segundo lugar,
hemos dado múltiples muestras de que creemos en
eso. Efectivamente, sería para algunos tentador
aplicar una solución militar, pero
definitivamente no vamos a caer en eso.
Pero insisto,
evidentemente hay una desproporción enorme entre
el significado --digamos-- armado de este grupo y
la capacidad del Estado mexicano para controlar o
detener esto, pero eso no debe ser un argumento,
porque es un problema político.
Pero, al mismo
tiempo, pues hemos trabajado muy fuerte en
Chiapas en el ámbito social. Por un lado, debo
recordar que allá por 1993, 1994, años
anteriores, y todavía en 1995, había que ver el
problema de posesión de tierras.
Bueno, el Gobierno
que yo presido ha hecho programas muy ambiciosos
para dotar a la gente de tierra en la medida de
las posibilidades, y hemos logrado pactar con
grupos que en su historia se presentaban como
más radicales que el propio EZLN.
Hoy en día,
muchísimos campesinos sin tierra, de antes,
tienen la tierra y están empezando a trabajarla
productivamente.
Hemos desplegado
una política social también, que comprende
cuestiones de educación, de salud, de dotación
de agua potable, de electrificación a
comunidades, de facilitación de fuentes de
empleo. Y esto ha ido poco a poco cambiando
--digamos-- el perfil social de Chiapas.
Creo que estos son
los mejores argumentos que les podemos dar a las
bases, a la gente, a las comunidades indígenas
que tienen simpatía por el EZLN, para mostrarles
que el camino no es la violencia; que el camino
es el diálogo, el camino es trabajar con las
instituciones, además con la confianza de que
siempre se respetarán sus puntos de vista, a
condición de que éstos se canalicen en acciones
que no estén fuera de la ley.
Muchos dicen que
el Gobierno ha fracaso en su estrategia hacia
Chiapas porque el EZLN sigue existiendo, porque
siguen teniendo una atención importante por
parte de ciertos medios y, particularmente, fuera
de México.
Porque hay muchas
organizaciones muy activas en otros países, por
ejemplo, en Europa y aun en Norteamérica, que
apoyan y contribuyen con recursos económicos
para esta causa.
Y entonces se
dice: el Gobierno no ha podido contender con ese
problema. No, al Gobierno le hubiera encantado ya
cerrar formalmente este problema a través de un
acuerdo, pero eso no es posible porque un acuerdo
tiene que darse entre dos partes.
Y la otra parte es
totalmente intransigente, obcecada e intolerante.
Bueno, nosotros no caeremos en la represión para
modificar esta política.
Seguiremos
avanzando social y políticamente en Chiapas, y
confío en que algún día ellos entiendan que
ese no es el camino y que lo más conveniente, si
es que de verdad tienen una causa social, lo más
conveniente para esa causa social, pues es
sentarse a platicar con seriedad, sin
intransigencia y llegar a un acuerdo, a un buen
acuerdo para todos, sin derrotados, con el
Gobierno mexicano.
-Alvaro Vargas:
¿Cree usted, presidente Zedillo, la ocasión
en que Marcos sea recibido por usted, por un
Presidente mexicano, se dé la ocasión en que el
zapatismo se incorpore a la vida civil, de modo
que se vuelva respetable, digno y que pueda ser
recibido, por ejemplo, en Los Pinos o en este
lugar donde estamos en este momento?
-Presidente
Ernesto Zedillo: Bueno, lo que quiero es que
este problema tenga una solución política, y
eso implica que quienes se han inconformado, pues
tengan una actividad. Les interesa la política,
evidentemente, y creo que han mostrado tener
buenas dotes para la política.
Creo que
finalmente ese es su proyecto de vida, y después
de que pasásemos por esta etapa de encono y que
se tuviese un acuerdo, si así ocurre, pues que
se dediquen a la política.
Si su sistema es
la política, pues seguramente algún día
querrán estar en la sede de los poderes, en el
Poder Ejecutivo Federal. Sería perfectamente
lógico.
Pero para llegar
ahí, tendríamos que pasar por otras etapas, y
la más importante es que se abandone la
intransigencia y se reconozca que hoy en día el
camino de la amenaza, de la violencia, no conduce
a ningún lado bueno.
[ . . . ]
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