| Kanasín,
Yucatán, 23 de enero de 1998. Es más, mucho más, lo que
nos une como mexicanos, que lo que nos separa.
Es mucho más lo
que nos identifica y lo que nos acerca, que lo
que puede dividirnos y distanciarnos.
Hoy reitero que,
incluso ante conflictos tan complejos y dolorosos
como el de Chiapas, los mexicanos queremos y
podemos lograr los acuerdos que aseguren respeto
y concordia para todos; oportunidades y progreso
para todos; dignidad y justicia para todos.
Con esta
convicción, quiero reafirmar en qué no está de
acuerdo el Gobierno Federal y en qué sí está
de acuerdo para resolver el conflicto en Chiapas.
El Gobierno
Federal no está, ni puede estar de acuerdo, con
la violencia.
La violencia no
conduce a la concordia; genera más y peor
violencia. No conduce al progreso sino a la
destrucción y el atraso. Tampoco conduce a la
justicia ni a la dignidad.
La violencia nunca
resuelve problemas; solamente los agrava.
Por eso, el
Gobierno Federal jamás estará de acuerdo con
ninguna forma de violencia, provenga de donde
provenga.
No se puede
aceptar que esgrimiendo una causa que es justa,
la de solucionar la pobreza y el abandono, se
acuda a la amenaza de las armas, que es la de la
violencia.
Del mismo modo,
tampoco se puede aceptar que ante la amenaza de
las armas o ante la amenaza de inseguridad en los
bienes e intereses propios, sean legítimos o no,
se reaccione con violencia.
Quien recurre a la
violencia o a las armas, igual que quien amenaza
con hacerlo, pretende tomar la justicia en sus
manos; pretende ponerse por encima de la ley y
ser juez de los demás.
Esto no es
aceptable. No lo pueden aceptar ni el Gobierno
Federal ni la sociedad.
Pretender tomar la
justicia en propia mano es un delito que atenta
contra la ley y atenta contra la democracia. Es
un delito que debe ser castigado.
El Gobierno
Federal tampoco cree que la fuerza del Estado es
la que debe resolver el conflicto en Chiapas.
De ahí que el
Gobierno Federal ni ha ejercido, ni ha amenazado
con ejercer esa fuerza. Así ha sido desde el
primer día y así será hasta el último día de
mi gobierno.
Quienes hablan de
una amenaza del Gobierno Federal; quienes hablan
de que el Gobierno está buscando enfrentamientos
o que está induciendo la violencia, saben bien
que faltan a la verdad.
Saben bien que no
hay enfrentamientos inevitables y que el Gobierno
Federal no sigue ni tiene estrategias de guerra
en Chiapas.
Saben que sus
palabras son para ganar adeptos, para mantener
simpatías, para sustentar su propaganda en
México y en el exterior.
La verdad es que
el Gobierno Federal ha acreditado repetidamente,
con hechos, que no creé que el uso de la fuerza
sea la solución en Chiapas.
Quienes por
razones de su estrategia, de su propaganda o de
sus intereses políticos, están faltando a la
verdad, saben bien que en estos tres años, el
Gobierno Federal no ha utilizado su fuerza en
Chiapas a pesar de las provocaciones, las
falsedades y las amenazas.
Saben incluso, que
hagan lo que hagan, el Gobierno Federal no
utilizará la fuerza represiva. Sólo defenderá
la ley y las instituciones de los mexicanos.
Ciertamente
quienes faltan a la verdad, saben que están
aprovechándose de la tolerancia del Gobierno
Federal; de una tolerancia que aunque irrite a
una parte de la ciudadanía, es propia de una
auténtica democracia.
Pero también
deben estar conscientes de que al actuar así, en
vez de apresurar la solución, prolongan el
conflicto; en vez de ser parte de una respuesta
justa y digna para todos, se vuelven parte del
problema.
En este sentido,
quienes utilizan el conflicto en Chiapas o
incluso los hechos trágicos que nos duelen e
indignan a todos para alimentar su protagonismo,
para promover intereses de congregación o de
grupo, o para confundir a la opinión pública,
saben bien que no están contribuyendo a la
solución del conflicto.
No es aceptable
que el conflicto en Chiapas se utilice para
favorecer propósitos políticos que no tienen
nada que ver con la solución a las causas
profundas de la justa inconformidad de las
comunidades indígenas.
Quienes así lo
están haciendo, apuestan a la discordia y al
encono; apuestan a que prevalezca todo aquello,
cierto o falso, que movilice a gente de buena fe
en apoyo de sus propósitos políticos, en vez de
apostar al trabajo unido para solucionar las
causas sustantivas de la injusticia y el
abandono.
El Gobierno
Federal tampoco está de acuerdo con quienes
desean, buscan, motivan, invocan o facilitan la
injerencia externa para hacer lo que los
mexicanos podemos lograr.
A lo largo de
nuestra historia, nunca, absolutamente nunca,
ningún problema ni ningún conflicto entre
mexicanos, ha sido resuelto por extranjeros o
desde el exterior.
Intervenir, aun de
buena fe, en asuntos internos que sólo competen
a los mexicanos, es injusto para un país que se
ha distinguido por respetar la vida interna de
las demás naciones. Es injusto para un país
que, como México, se ha esmerado porque se
respete la autodeterminación de toda nación,
grande o pequeña, frágil o poderosa.
Para los mexicanos
y para el Gobierno Federal resulta inadmisible
que haya personas que incluso transgrediendo
nuestras leyes, aunque alegando razones
humanitarias estén directamente involucradas en
el conflicto de Chiapas; en especial nos preocupa
su conducta, cuando en sus propios países
todavía tienen vivos la división, el conflicto
y aun el terrorismo engendrados por el
colonialismo o el autoritarismo no distante en su
propia historia.
Muchos de quienes
desde el exterior se inmiscuyen, no para ayudar a
la solución del conflicto, sino para mantenerlo
como bandera, obrarían mejor trabajando para
reparar las injusticias que en sus propias
tierras han dejado el autoritarismo y la
exclusión de sus antepasados.
En estos dos
puntos, la violencia y la injerencia externa, el
Gobierno Federal no puede estar de acuerdo.
Pero sí ha estado
y seguirá estando de acuerdo en que el único
camino para alcanzar una paz con justicia y
dignidad en Chiapas, es el diálogo, es la
negociación.
El Gobierno
Federal ha estado y seguirá estando de acuerdo
en que la única solución rápida, pacífica y
definitiva del conflicto está en satisfacer los
reclamos indígenas de una nueva relación con el
Estado Mexicano.
Por eso, el
Gobierno Federal está de acuerdo en construir
una nueva relación entre los pueblos indígenas,
la sociedad mexicana y el Estado.
Como dicen los
Acuerdos de San Andrés Larráinzar, una nueva
relación que atienda y remedie las condiciones
de pobreza, explotación y exclusión política
que por años y años ha lastimado y sigue
lastimando a los pueblos indígenas.
Una nueva
relación en la que la Federación, los estados y
los municipios promuevan, en el ámbito de sus
respectivas competencias y con la participación
de los pueblos indígenas, su desarrollo
equitativo y sustentable, así como el combate a
toda forma de discriminación.
El Gobierno
Federal ha estado y siempre estará de acuerdo en
cumplir un compromiso fundamental de propiciar
que se destierren mentalidades, actitudes y
comportamientos discriminatorios hacia los
indígenas.
Está de acuerdo
en que para forjar una nueva relación entre el
Estado y los pueblos indígenas, es preciso
desarrollar una cultura de la pluralidad y la
tolerancia. Una cultura que acepte las visiones
del mundo, las formas de vida y los conceptos de
desarrollo de los pueblos indígenas.
Como dicen los
Acuerdos de San Andrés Larráinzar, el Gobierno
Federal está de acuerdo en impulsar cambios
jurídicos y legislativos que amplíen la
participación y la representación política,
tanto local como nacional, de los pueblos
indígenas, respetando sus diversas situaciones y
tradiciones, y fortaleciendo un nuevo federalismo
en la República Mexicana, en un marco
constitucional que asegure la unidad nacional.
El Gobierno está
de acuerdo en que el reclamo de que las voces y
demandas de los indígenas sean escuchadas y
atendidas, debe llevar al reconocimiento de los
derechos políticos, económicos, sociales y
culturales de los pueblos indígenas dentro del
marco de la nación Mexicana.
El Gobierno
Federal está de acuerdo en que tiene el deber de
garantizar el acceso pleno de los indígenas a la
jurisdicción del Estado, con reconocimiento y
respeto a especificidades culturales y a sus
sistemas normativos internos, siempre y cuando
que se garantice el cabal respeto a los derechos
humanos y a los principios de la Constitución.
El Gobierno
Federal está de acuerdo en que en los juicios y
procedimientos legales, los indígenas tengan en
todo tiempo el derecho a ser asistidos por
intérpretes y defensores, particulares o de
oficio, que tengan conocimiento de sus lenguas y
culturas.
Asimismo, el
Gobierno está de acuerdo en reconocer la rica
diversidad cultural de los pueblos indígenas; en
asegurar su mayor y mejor educación y
capacitación; una educación que si es impartida
por el Estado sea pública e intercultural, así
como una capacitación que mejore los procesos
productivos.
El Gobierno
Federal está de acuerdo en lo que señalan los
Acuerdos de San Andrés, en el sentido de que el
Estado debe garantizar a los pueblos indígenas
condiciones que les permitan ocuparse de su
alimentación, salud y vivienda en forma
satisfactoria. Y a la vez, que el Estado impulse
una política social federalista, integral y
participativa que atienda las necesidades
básicas, especialmente de las mujeres y los
niños.
El Gobierno
Federal está de acuerdo en impulsar la
producción y el empleo en los pueblos
indígenas, así como fomentar políticas
sociales específicas para proteger a los
indígenas migrantes en nuestro territorio y
fuera de él.
El Gobierno
Federal está de acuerdo con los Acuerdos de San
Andrés Larráinzar. Pero no podría aceptar
interpretaciones de éstos que atenten contra la
soberanía y la unidad nacional, ni que pongan en
riesgo las garantías individuales, las
libertades y los derechos humanos. No podría
aceptar formas de gobierno antidemocráticas y
autoritarias, ni fanatismos. No podría aceptar
fueros y privilegios excluyentes ni desprecio a
las minorías.
Me parece que
quien en verdad quiera la solución del conflicto
en Chiapas, coincidirá en estos puntos en los
que sí está de acuerdo el Gobierno, por eso,
demos ya forma a los Acuerdos de San Andrés.
Demos ya forma a
los Acuerdos de San Andrés para que, entre
todos, comenzando por la autoridad, abramos
caminos al progreso y a la democracia con respeto
a la diversidad cultural y al pluralismo
político.
Demos ya forma a
los Acuerdos de San Andrés a fin de avanzar
genuinamente en el reconocimiento, la inclusión
y el aliento a los pueblos indígenas para que la
democracia, la libertad y la justicia sean de
todos; para que nunca más en México haya un
mexicano que no se sienta parte de la Nación.
La nuestra es una
gran Nación.
Nada ni nadie debe
dividirla. Nada ni nadie debe poner en riesgo su
soberanía ni la integridad de su territorio.
Nada ni nadie debe
socavar el orgullo que cada mexicano siente de
ser eso: de ser ante todo, mexicano.
Por eso,
aprovechemos que es más, mucho más lo que nos
une como mexicanos para consagrar nuestras
voluntades, nuestra creatividad y nuestro
esfuerzo y curar así las heridas que tanto nos
duelen.
Muchas gracias.
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