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Sabanilla, Chis., 29 de mayo de
1998.
Versión
estenográfica de las palabras del presidente
Ernesto Zedillo, durante el encuentro que tuvo
con representantes de las comunidades de la Selva
Chiapaneca, en donde fue presentado el Programa
de Vivienda, en la Escuela Primaria Bilingüe
"Francisco Javier Mina", en la
comunidad "El Paraíso", perteneciente
a este municipio.
Muy
apreciado señor Gobernador del estado de
Chiapas;
Señor Presidente municipal de Sabanilla;
Amigas, amigos:
Es
motivo de gran gusto para un servidor el tener la
oportunidad de volver muy pronto aquí al querido
estado de Chiapas. Durante el último mes he
tenido la oportunidad de estar tres veces en su
estado: apenas, la semana pasada pude estar, y
qué bueno que hoy pueda regresar y empezar esta
gira de trabajo, precisamente aquí, en la
comunidad "El Paraíso", del municipio
de Sabanilla.
Pero,
sobre todo, me parece muy importante que esta
primera reunión con la gente de Chiapas sea en
una comunidad que como muchas otras del estado de
Chiapas, ha vivido problemas muy serios pero que
empieza a resolverlos.
Aquí hemos escuchado al Presidente municipal, al
comisario, a nuestros amigos que han sufrido en
carne propia el problema de la amenaza de la
violencia y de ser desplazados, que ustedes
están encontrando el camino para la
reconciliación.
Sabemos que aquí ha habido sufrimiento; sabemos
que aquí en este municipio ha habido, incluso,
tristemente muertos; sabemos que aquí ha habido
enfrentamiento entre personas que antes eran
amigos y que por distintas causas se separaron y
aún se enfrentaron; sabemos que, incluso, ha
habido divisiones entre las familias.
Y la pregunta que nos tenemos que hacer hoy y
todo el tiempo, es ¿si de algo sirve, si de algo
ha servido la amenaza de la violencia? Debemos
preguntarnos ¿si alguno de los problemas
concretos de ustedes, como la falta de salud, la
falta de agua potable, la falta de electricidad,
la falta de apoyos para el campo, la falta de
educación u oportunidades de educación para sus
hijos puede, en cualquiera de esos problemas, ser
resueltos con amenaza de la violencia? Y yo estoy
seguro que todos ustedes, todos estaremos de
acuerdo, de que nada se resuelve a través de la
violencia.
Esto no quiere decir que no entendamos que
quienes, desesperados porque no llegan las
soluciones, desesperados porque a veces hemos
sufrido malos gobiernos, hemos sufrido gobiernos
que no son sensibles a la gente, hemos sufrido
gobiernos que no luchan por la justicia, hemos
sufrido gobiernos que no se ponen de lado de los
más desprotegidos, y eso podemos entender que
haya orillado a algunos a creer en una manera,
casi desesperada, de provocar soluciones y
respuestas para los problemas, debemos entender
que eso los haya motivado; pero definitivamente
no podemos estar de acuerdo en que ése es el
camino para lograr las soluciones a los
problemas.
Podemos entender que hayan sido alentados por un
real, por un deseo de servir a los demás, pero
también tenemos que llegar hoy a la conclusión
de que el método que han escogido de amenazar
con la violencia, no es el método, no es la
forma correcta de luchar por la gente. Es una
manera equivocada, porque la amenaza de la
violencia luego nos lleva a la amenaza de la
violencia de otros y, tarde que temprano, nos
lleva a la violencia verdadera, en la cual
perdemos vidas, perdemos seres queridos, sufrimos
mucho y acabamos peor que antes.
Además, hoy en día, quizás como nunca en
nuestra historia, los mexicanos estamos
encontrando una manera para resolver nuestros
conflictos. Esa manera es la de la democracia;
asegurarnos que todos y cada uno de los mexicanos
tengan una voz de cuenta. Estamos encontrando
también que no hay otro camino más que el
camino de la ley.
Cuando se comete una injusticia --y
desgraciadamente todos los días se cometen
injusticias en nuestro país--, entonces tenemos
como camino para reclamar y para resolver esa
injusticia, el camino de la ley. Y, por eso, hoy
menos que nunca se justifica la amenaza de la
violencia. Ustedes lo han sufrido en carne propia
aquí.
Hubo incidentes violentos, entiendo que hasta
murió una señora y entonces se fueron muchas
familias bajo la amenaza de esa violencia.
Felizmente, ya 41 de esas familias han regresado
a su comunidad y ustedes están encontrando el
camino de la reconciliación.
Este ejemplo es de carne y hueso, es un ejemplo
que debemos transmitirle a todos los chiapanecos,
es un ejemplo que deben escuchar y respetar
quienes todavía siguen demandando que a través
de la violencia se resuelvan los problemas. Hay
que decirles que están equivocados, que no hay
causa justa que pueda lograrse a través de la
amenaza de la violencia, que no hay ideología
que pueda ser válida si se sustenta en la
amenaza de la violencia y además, que no puede
haber, ni debe haber teología que pueda
justiciar la violencia.
Y quiero repetir esto: algunos piensan que se
vale tener una teología en la que la violencia
es válida, es correcta, y sostengo que eso es
falso. No hay teología que pueda ser buena y que
apoye la violencia.
Entonces, a esos que creen que esa teología
justifica la violencia, hay que decirles que
están equivocados, que rectifiquen que si
tienen, o piensan que tienen, una buena misión
que cumplir en la tierra, que la cumplan a
través de la ley, con la bondad, invitando a la
gente a la reconciliación, al reencuentro.
Eso es lo que estamos haciendo aquí en lugares
como El Paraíso, en el municipio de Sabanilla.
He escuchado con mucha atención las demandas y
los planteamientos de sus compañeros, y admito
que el Gobierno de la República tiene una gran
responsabilidad en la solución de esos
problemas.
Estaré trabajando --como lo he hecho hasta
ahora-- con el señor Gobernador, para que
vayamos encontrando esas soluciones, las
soluciones a la educación, las soluciones a la
salud, las soluciones que con toda razón
demandan los campesinos.
Vamos a hacer nuestro más grande esfuerzo. No
les ofrezco que vayamos a poder resolver los
problemas como por arte de magia. Los problemas
de Chiapas, los problemas de México, se han
gestado y se han acumulado a lo largo de muchos
años y, por lo mismo, no son problemas que
podamos resolver de un día para otro.
Pero lo que sí puedo ofrecerles es que no vamos
a descansar, que no vamos a escatimar recurso
alguno, en los recursos que el pueblo pone en
nuestras manos para que estos recursos regresen
el pueblo en apoyo al desarrollo de Chiapas, en
apoyo de aquellas acciones y de aquellos
programas que necesitamos llevar a cabo para que
en su estado, en sus municipios, en sus
comunidades, como la del Paraíso, exista
realmente la justicia social.
Estaré trabajando con el Gobernador en todas
esas cosas que señalaron sus compañeros. Lo
haremos convencidos de que si prevalece la
reconciliación, si prevalece el reencuentro
entre los chiapanecos, como lo estamos logrando
poco a poco, entonces muy pronto estaremos viendo
un horizonte muy distinto en el futuro de
Chiapas.
Así que yo quiero pedirles que, todos se sigan
esforzando en esta reconciliación, que todos
sigamos rechazando la amenaza de la violencia,
venga de donde venga. No hay ninguna amenaza de
violencia que pueda ser legítima. No es
legítima la amenaza de la violencia de quienes
se han inconformado, como tampoco es legítima la
amenaza de la violencia de quienes han
reaccionado frente a la amenaza de los que se
inconformaron.
El único que puede aplicar la justicia es el
Estado. Nadie puede tomar la justicia en sus
propias manos, porque si rompemos ese principio,
entonces, estemos rompiendo la convivencia entre
los ciudadanos, entre las comunidades, entre las
familias, entre hermanos y hermanas.
El Estado, en el pasado, ha fallado para impartir
y otorgar esa justicia. Nos estamos esforzando
para que aquí, en Chiapas, existan instituciones
que puedan otorgar, que puedan conferir esa
justicia. Pero, repito, nadie puede tomarse la
justicia en sus propias manos.
Cuando haya un conflicto, cuando haya una
diferencia, cuando existe un interés encontrado;
ahí están las instituciones y la ley para
resolver esa diferencia. No se vale que nadie se
erija en juez de ninguna causa.
Corresponde al Estado decidir, escuchando
conforme a las leyes y procurando siempre hacer
justicia. Por eso, les pido que cuando haya un
conflicto rechacen la violencia. Confiemos en las
Instituciones y, eso sí, exijámosle a los
gobernantes, desde el Presidente de la
República, pasando por el Gobernador, los
Presidentes municipales, los jueces y las demás
autoridades, que trabajemos para dar respuesta a
las demandas y a los problemas que ustedes nos
plantean.
Así que me da mucho gusto ser el primer
Presidente de la República que viene aquí.
Espero también que ésta no sea la última vez
que pueda yo estar aquí. Espero regresar muy
pronto, seguir hablando con ustedes, ver cómo
vamos resolviendo los problemas pero, sobre todo,
confirmar que aquí en "El Paraíso",
aquí en el municipio de Sabanilla se rechaza la
violencia, y que desde aquí hacemos un llamado a
quienes se han inconformado y lo han hecho con la
amenaza de la violencia, que rectifiquen, que
recuerden que las puertas del diálogo están
abiertas, que no hay condiciones para ese
diálogo.
El Presidente de la República sigue y seguirá
pensando siempre, como lo dijo un compañero, que
entre mexicanos no puede haber guerras.
Las voces de todos importan y queremos llegar a
soluciones incluyentes, que no queremos que
ningún mexicano, por ninguna circunstancia, sea
excluido o humillado.
Repito: las puertas del diálogo están abiertas,
el Gobierno está esperando y seguirá esperando,
pero que ojalá muy pronto esa espera se termine
y podamos tener ese diálogo que nos permita la
reconciliación que quieren y merecen los
chiapanecos.
Muchas gracias.
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