San Marcos, Gro., 26 de abril de 1998.

Versión estenográfica de las palabras del presidente Ernesto Zedillo, durante el acto Alianza para el Campo, en el que suscribió, junto con el gobernador Angel Heladio Aguirre Rivero, el Acuerdo del Programa Nacional de Educación, Salud y Alimentación (Progresa), y luego hizo entrega de apoyos a productores agropecuarios, en la finca "Carolina", perteneciente a este municipio.

Muy apreciado señor gobernador de Guerrero, amigo Angel Heladio Aguirre Rivero;
Muy apreciado señor Presidente municipal de San Marcos;
Amigas y amigos:

Me da mucho gusto estar de nuevo aquí, en el municipio de San Marcos, aunque por primera vez en la cabecera municipal, y venir aquí a celebrar con ustedes una reunión que es realmente importante.

Aquí se ha hablado de producción, aquí hemos firmado, el señor Gobernador y yo, un Convenio para el Progresa de 1998, pero detrás de todo lo que aquí se ha mencionado hay una preocupación fundamental, tanto del Gobierno de la República, del gobierno del estado, de los gobiernos municipales y, sobre todo, una preocupación de toda nuestra gente, de todo nuestro pueblo.

México es un país que, no obstante los enormes esfuerzos que generación tras generación de mexicanos hemos hecho, sufre todavía mucha pobreza, sufre todavía mucho atraso, sufre todavía una gran desigualdad y, por lo mismo, una gran injusticia. Y sucede que la mayor parte de esa pobreza y, además, en sus manifestaciones mas extremas, ocurre, precisamente, en el campo, en el medio rural de nuestro país.

La tarea más difícil que tenemos los mexicanos para combatir la pobreza con eficacia y lograr construir una sociedad más igualitaria, una sociedad más justa, se encuentra, precisamente, en el campo, en el medio rural de nuestra nación. Y éste --ustedes lo saben-- no es un problema que podamos atacar únicamente por un camino; la pobreza es algo que atrapa a tantos y a tantos mexicanos desde muchos lados: hay, en primer lugar, la falta de oportunidades para que cada quien, con su propio esfuerzo, pueda ganar el sustento de su familia; hay la enorme desventaja que sufren los hombres y las mujeres del campo de haber recibido una educación que, frecuentemente, es menor a la que reciben ya en las ciudades los hombres y las mujeres de nuestro país, hay en las comunidades rurales todavía gravísimos problemas de salud.

Aquí nuestro amigo "Chico", con un ejemplo muy concreto, nos lo decía: "necesitamos que haya medicinas para que quienes son picados por los alacranes puedan ser atendidos". Ese ejemplo, pues, nos dice todo, todo lo que tenemos que hacer en materia de salud en el campo, en el medio rural, porque muchas veces ni los más elementales servicios están disponibles para la población.

Aquí nos decía el señor Presidente municipal de un proyecto que es muy importante para este municipio, el agua potable. Y eso nos lleva a recordar que en muchas, muchas comunidades del campo mexicano aún no llegan los servicios más elementales, de los cuales ya disfrutamos la gran, gran mayoría de quienes habitamos en las ciudades, en el medio urbano del país.

Ese es el reto: tenemos que atacar el frente productivo, para que quienes viven y trabajan en el campo, tengan la oportunidad, a partir de su propio esfuerzo, de ganar lo que necesitan para el sustento de sus familias.

Pero lograr éxito en el aspecto productivo no es suficiente, y yo diría que ni siquiera sería posible, si no tenemos, también, una política social que ataque los otros aspectos de la pobreza y, sobre todo, que logre que quienes viven en el campo tengan una igualdad de oportunidad para entonces sí, a partir de esa igualdad de oportunidades, salir adelante por su propio esfuerzo.

Quiero decirles --ustedes lo saben-- que el Gobierno de la República, trabajando como uno solo con los gobiernos estatales, claramente aquí en Guerrero, y con los gobiernos municipales, estamos procurando avanzar en todos los frentes, y los dos motivos principales de esta reunión ponen de relieve ese compromiso y esa tarea que estamos llevando a cabo. No es lo único, pero es algo muy importante. Y digo que no es lo único porque, afortunadamente, en el campo de la educación, no obstante las dificultades que todos conocemos, hemos podido avanzar en los últimos años, y cada año son más niños y jóvenes guerrerenses los que tienen oportunidad de ir a la escuela y terminarla.

También estamos desplegando --a partir de 1997, a partir de un compromiso que asumirnos el señor Gobernador y yo, allá en La Montaña-- un buen esfuerzo para llevar la alfabetización a los adultos que todavía no la tienen.

Estamos haciendo un gran esfuerzo para llevar la salud. Lo hemos hecho construyendo hospitales, clínicas en el estado, pero también con un programa muy especial que reconoce que hay muchas comunidades donde es imposible llevar los servicios de salud tradicionales; y tenemos que hacer un esfuerzo especial y dirigido, sin mayores pretensiones que el de dar los servicios más esenciales que muchas veces significan la diferencia entre la vida y la muerte, la diferencia entre una vida razonablemente saludable y una vida de enfermedad constante.

Con el programa de ampliación de cobertura, hemos podido llegar a miles de guerrerenses que antes no conocieron, ni en la más elemental de su forma, los servicios de salud.

Pero esos esfuerzos generales no son suficientes. El Gobernador, los gobernadores de otros Estados de la República que sufren altos índices de pobreza y el Gobierno de la República, hemos reconocido que es necesario un esfuerzo muy especial, con aquellas familias que viven realmente en las condiciones de pobreza más extrema.

A partir de esa preocupación y el reconocimiento que este problema de pobreza realmente extrema tiene que atacarse de manera integral, es que el Gobierno de la República ha establecido el Programa Progresa.

Gracias al Programa Progresa, hoy estamos llegando a esas familias o comenzamos a llegar a esas familias y las estamos apoyando para que en verdad superen los aspectos que están en la raíz de su pobreza.

Hablaba antes de educación, pero ustedes saben muy bien que puede haber una escuela en una comunidad muy pobre, escuela disponible con maestro; pero si el niño o la niña no tiene la nutrición adecuada, entonces esa niña o ese niño, aunque al principio vaya a la escuela, más pronto que tarde perderá el interés y no tendrá la capacidad para aprovechar las clases. Y muy probablemente, relativamente pronto, dejará la escuela.

Igualmente ocurre si ese niño o esa niña tiene problemas constantes de salud y si los padres, realmente, no solamente no tienen los medios, sino los conocimientos de cómo proveer a su hijo o a su hija de ese servicio elemental de salud.

Igualmente sabemos que puede haber un niño que tiene escuela; que incluso ya, a determinada edad, tenga una mínimamente adecuada nutrición; pero que si fue descuidado en esa nutrición y en esos servicios elementales de salud durante el periodo de gestación, durante el periodo de lactancia, en los primeros años de vida, ya posiblemente habrá sufrido una situación de desventaja para el resto de su vida.

También el Progresa reconoce que debemos darle una atención muy especial a la situación de la mujer. No nos engañemos: todavía hoy, en nuestro país, existe una grave situación de desigualdad en la condición de la mujer respecto a la condición del hombre.

Si estamos empeñados en construir una sociedad más justa, esto es algo que resulta totalmente inaceptable.

Y por eso en el Progresa le conferimos un papel no solamente como sujeto, sino como actor principal a la mujer, para que este programa tenga el éxito.

Los apoyos económicos que se canalizan a través del Progresa, son recibidos por la madre de familia. Y además, dentro del Programa de Becas Escolares, que comprende el Progresa, estamos procurando y logrando que las niñas reciban becas algo más elevadas que los niños, porque sabemos que es más probable que una niña deje la escuela, que una niña no termine la escuela, que una niña no inicie la escuela que en relación a la situación de los niños.

Naturalmente, toda vez que Guerrero es un Estado que sufre altos índices de pobreza, esta entidad tenía que convertirse en uno de los Estados principales para la aplicación del Progresa.

Por eso, para mí es motivo de gran gusto el que hace un rato el señor Gobernador y yo hayamos firmado el Convenio del Progresa, donde establecemos que para 1998, al concluir el año, dicho programa habrá de llegar, con sus apoyos para la educación, para la salud y la alimentación, a casi 137 mil familias que viven en cerca de 2 mil 500 localidades del campo, en 64 municipios de Guerrero.

Este debe ser sólo el gran principio importante, pero aún insuficiente, en esa tarea de combate decidido a la pobreza aquí, en el estado de Guerrero, y por supuesto en muchos otros estados de la República.

Pero la otra parte es muy importante: es el aspecto productivo.

Los hombres y las mujeres del campo mexicano son de una enorme dignidad. Son ellos, son ustedes, quienes con más fuerza han reclamado que acabe ese paternalismo que por tantos años inhibió su iniciativa, truncó su capacidad, incluso dio lugar a graves y muy tristes prácticas de corrupción.

El campesino quiere que el gobierno sea su aliado, pero no un aliado dominante, no un aliado que lo someta. El campesino quiere que en el aspecto productivo, el gobierno sea su aliado para que él pueda producir más y mejor, para que pueda producir lo que les reditúe los mayores ingresos para el sustento de su familia.

Y con esa filosofía, tomándola el gobierno como propia, es que hemos establecido el Programa de la Alianza para el Campo: programa que ya ha vívido dos años completos de experiencia, programa cuyos resultados, en Guerrero --escuchábamos hace un momento-- a mi, en lo personal, me dejan muy satisfecho pero que naturalmente reconocemos todavía como insuficientes.

Es más, mucho más, lo que tenemos que hacer es nuestra Alianza para el Campo, para que los hombres y las mujeres del campo de Guerrero y de todo México, puedan tener realmente las oportunidades que demandan y que con toda razón merecen.

Es por ello que este año, el señor Gobernador y un servidor, hemos decidido seguir dando un gran impulso a nuestra Alianza para el Campo aquí, en Guerrero.

Quiero comentarles que este año, el Gobierno Federal estará aportando más de 75 millones para la Alianza, que con la contribución del gobierno del Estado harán un total de 107 millones de pesos. En tal virtud, espero que aplicando bien estos recursos, como lo hicimos en 1996 y 1997, al cierre de este año de 1998 podamos hacer --y lo haremos aquí mismo, en Guerrero-- un balance positivo de nuestra Alianza para el Campo.

La Alianza no es el único apoyo directo que el Gobierno de la República pone a disposición de los campesinos.

Otro programa muy importante es el Procampo. Con el Procampo, este año apoyaremos a 180 mil productores para el cultivo de 440 mil hectáreas, con una erogación --por parte del Gobierno Federal-- de 272 millones de pesos.

Me da mucho gusto que estemos esperando que, al menos 20 por ciento de estos productores aprovechen el mecanismo de cesión de derechos para que sea más oportuna la entrega de recursos.

Quiero decirles que hemos programado 28 millones de pesos para el Programa de Empleo Temporal, que es un programa importante por los jornales que distribuye, pero, también importante porque, gracias a este programa, hacemos pequeñas obras que, definitivamente, tienen un impacto productivo, un impacto social en sus comunidades.

Como saben, el Gobierno de la República ha sido muy sensible y ha estado muy atento a los problemas de clima que ha sufrido Guerrero y otros Estados de la República; por eso hemos creado un fondo de 27 millones de pesos para quienes puedan resultar afectados por fenómenos meteorológicos, como lo hicimos el año pasado, aquí en la región de San Marcos y en otras zonas de la ciudad con motivo de la sequía y del huracán.

También quiero comentarles, porque esto tiene importancia en el aspecto productivo, que el BANRURAL tiene programados créditos a los productores por 84 millones de pesos que podrán aumentar de acuerdo con la demanda.

Amigas y amigos; señor Gobernador:

Trabajando y compartiendo responsabilidades estamos luchando para reducir la pobreza en el campo, empujando todos, como uno solo, es como lograremos el desarrollo del sector rural, la justicia social para los campesinos y las comunidades indígenas, en Guerrero como en todo México.

Sumar esfuerzos y respetar las diferencias de pensamiento es la fórmula de los guerrerenses y de la enorme mayoría de los mexicanos, fórmula que hemos decidido que es la buena para seguir adelante. Por eso he hablado de lo que sí nos hace falta para lograr la justicia y el desarrollo en el campo, en el medio rural de nuestro país.

También es importante hablar de lo que no nos sirve y de lo que no nos hace falta para lograr la justicia. Y hay algo que, afortunadamente no de manera generalizada, pero en algunos puntos de nuestro país y en algunos puntos de Guerrero ha venido ocurriendo y que es algo que no nos va a ayudar a resolver ningún problema, por el contrario, es algo que conspira contra la justicia, es algo que obstruye el progreso, es algo que afrenta contra los sentimientos, los valores, la convivencia, de todos los hombres y de todas las mujeres de nuestro país, señaladamente los más débiles y los más pobres.

Ese algo es la violencia. Estoy convencido --y sé que todos ustedes están convencidos-- de que la violencia no sirve para construir un mejor futuro; la violencia destruye la esperanza y frena el desarrollo de los pueblos. Por eso los mexicanos creemos en la concordia y en el trabajo dentro de la ley y dentro de las instituciones de la República. Por eso el Gobierno de la República nunca podrá estar de acuerdo con cualquier intento de enfrentar a un mexicano con otro mexicano.

Contra la violencia, el enfrentamiento y la demagogia está nuestro mayor rechazo. Con ustedes -y con mexicanos que trabajan con ustedes-- está nuestro mayor compromiso. Sabemos que los buenos propósitos, cuando en verdad se quieren conseguir, tienen cauce en el diálogo, en la negociación, en la vía que nos da la política para ponernos de acuerdo. Tienen encuentro, esas diferencias, tienen una solución, siempre en el marco de las instituciones y de las leyes que los mexicanos nos hemos dado.

Los campesinos de Guerrero están demostrando, con resultados, el trabajo unido esforzado y permanente, que es la mejor manera de seguir adelante. Y por eso les pido su Acuerdo, el Acuerdo de todos, sobre aquellas cosas que sí tenemos que hacer para enfrentar y superar la pobreza; para enfrentar y superar la injusticia, para enfrentar y superar la desigualdad. Pero también les pido su Acuerdo más firme para rechazar la violencia.

Les aseguro que sólo así podremos construir el futuro de justicia que merece nuestra patria.

Muchas gracias.

-oooooo-