12 de enero de 1996

El Primer Mandatario de la Nación asistió a la presentación del Programa de Desarrollo Educativo 1995-2000, que tuvo lugar en el salón Adolfo López Mateos de la residencia oficial de Los Pinos.

A continuación se presenta el discurso pronunciado por el doctor Ernesto Zedillo Ponce de León:

Señor Presidente de la Comisión de Educación de la Honorable Cámara de Diputados;
Señor Presidente de la Comisión de Educación y Cultura de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal;
Señor Secretario General del Comité Ejecutivo Nacional del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación;
Apreciables funcionarios de los sistemas educativos de los estados de la república;
Señores Rectores y Directores de las Instituciones de Educación Superior del país;
Muy apreciadas maestras y maestros de México;
Señoras y señores:

La educación está enraizada en nuestra historia, la educación ha nutrido nuestros ideales y aspiraciones, y ha dado fuerte rumbo a la voluntad de los mexicanos.

Desde nuestra Independencia la educación ha sido factor decisivo de superación individual y de progreso social.

Durante el Siglo XX, generación tras generación de mexicanos han sumado su esfuerzo para ir construyendo una gran hazaña educativa. Gracias a ese esfuerzo noble y tenaz se ha elevado el promedio de escolaridad, se han edificado decenas de miles de escuelas, se han formado cientos de miles de maestros, se ha reducido significativamente el analfabetismo. Gracias a ese esfuerzo se ha promovido la educación pre-escolar, se ha extendido la primaria y se ha ampliado el acceso a la secundaria; gracias a ese esfuerzo se ha fomentado la capacitación para el trabajo, se ha ensanchado la educación tecnológica y se ha multiplicado la educación superior.

En el curso de siete décadas el esfuerzo de maestras y maestros, de padres de familia, de autoridades educativas, de estudiosos y especialistas, ha impreso un perfil nuevo y dinámico a la sociedad mexicana, a sus propósitos y anhelos, a sus capacidades y realizaciones.

En la educación se han forjado algunos de los más grandes logros de México: se ha cultivado y desplegado nuestro mayor potencial, también en la educación persisten algunos de nuestros más graves rezagos y de nuestros mayores desafíos.

Los mexicanos reconocemos la enorme obra educativa realizada hasta ahora, y alentados por ella asumimos los retos y compromisos que entraña la educación del Siglo XXI: la educación del México del mañana.

Hoy esos retos consisten principalmente en lograr que la escuela y el maestro lleguen a todos los mexicanos; que haya equidad en las oportunidades educativas de todo niño, de toda niña, de todo joven y adulto del campo y la ciudad; que la pertinencia y la calidad de los conocimientos que adquieren y de los valores con que se forman les sirvan más eficazmente para tener una vida mejor.

Hoy el compromiso con la educación es un imperativo moral y es una responsabilidad con la parte más sensible de la sociedad: con sus niños y jóvenes, con quienes menos tienen, con las comunidades indígenas.

El impulso a la educación es un mandato constitucional, es una demanda sentida de todas las regiones geográficas y de todos los grupos sociales. Es una obligación para honrar nuestra historia, cultura e identidad nacional, y es un imperativo para alcanzar un desarrollo con justicia.

Por eso, por convicción profunda, por mandato constitucional y por exigencia popular, la educación tiene primacía entre las prioridades de mi gobierno.

Por eso también he convocado a una cruzada nacional y permanente por la educación. Una cruzada en la cual confluyan las tareas de todos los órdenes de gobierno; en que se sumen las voluntades de todos los grupos sociales; en que se identifiquen los afanes de participación y la energía de todos los mexicanos.

Ahora, esa cruzada nacional tiene un programa. Se trata de un programa inspirado en nuestra rica tradición educativa, sustentado en los propósitos de progreso y justicia, y orientado hacia los requerimientos del mundo de hoy y del México del futuro. Se trata de un programa enriquecido por las propuestas del magisterio nacional y su sindicato. Por las ideas de la comunidad educativa del país, por la experiencia y el conocimiento desarrollado por las instituciones de enseñanza, por los estudiosos de la educación y los padres de familia.

El Programa de Desarrollo Educativo parte de los postulados del Artículo 3o. Constitucional y procura la debida atención a todos los tipos y modalidades educativos, ya que todos son absolutamente necesarios para el desarrollo de la nación.

El Programa, dedica una especial atención a la educación básica, pues es en ese nivel en el que se concentra el mayor número de alumnos, se cultiva el conjunto esencial de conocimientos y valores, de destrezas y hábitos para una constante superación individual y se sientan las bases que serán aprovechadas en todos los demás niveles educativos.

La educación básica es el instrumento más noble y efectivo para compensar la desigualdad, procurar la justicia y edificar una nación mejor integrada, más armónica y más productiva.

Precisamente porque la educación básica es nuestra mejor palanca del cambio y la movilidad social, daremos particular importancia a los programas y acciones destinados a corregir los graves rezagos sociales y económicos que la han limitado, a corregir las disparidades y los contrastes educativos entre regiones y comunidades que impiden la expansión de su cobertura.

Nuestro compromiso es con la educación, y nuestro mayor compromiso es con quienes más necesitan esa educación.

Los propósitos del Programa de Desarrollo Educativo son la equidad, la calidad y la pertinencia. Equidad para generar las oportunidades a que todos tienen derecho, especialmente los más pobres. Calidad para que cada niño y cada joven, cada hombre y cada mujer puedan desplegar sus capacidades y su creatividad en beneficio de ellos, de su familia y de su comunidad.

Pertinencia para que lo que se aprende sea genuinamente útil al individuo. Lo aliente a aprender más y mejor, y a aplicar provechosamente cada nuevo conocimiento, cada nueva habilidad perfeccionada.

Educaremos más y mejor para la salud personal y para el cuidado de nuestros recursos naturales. Educaremos más y mejor para un crecimiento económico, vigoroso y sostenido, fomentando la responsabilidad, la productividad y el ahorro.

Educaremos más y mejor para la justicia, promoviendo la observancia de la ley y el respeto al derecho de los demás. Educaremos más y mejor para la democracia, utilizando el ejercicio de las libertades, las actitudes cívicas y la participación informada, responsable y transparente.

Educaremos más y mejor para fortalecer la unidad de la nación, inculcando el aprecio por nuestra historia; vigorizando nuestro sentido de pertenencia y el orgullo de nuestra identidad y cultura.

El Programa de Desarrollo Educativo dará ímpetu a una cruzada nacional, que ofrezca educación para todos los mexicanos; a lo largo de toda su vida y para las actividades humanas.

El Programa ofrece un diagnóstico riguroso y sólidamente fundamentado, estrategias adecuadas, acciones claras y metas precisas para todos los niveles educativos.

Invito a todos a que conozcan el Programa; invito a todos a que discutan el Programa; invito a todos a que enriquezcan el Programa.

El Programa se apoya en el maestro, como protagonista de todo avance educativo; se compromete a impulsar la superación profesional del magisterio nacional, la revaloración de su labor y el mejoramiento de sus condiciones de vida y de trabajo.

Con el Programa avanzaremos en la educación de jóvenes y adultos marginados, para incorporarlos a la vida productiva a través de la alfabetización y la capacitación para el trabajo.

Con el Programa avanzaremos en la preparación de los técnicos que necesita el país para elevar la productividad de las empresas y los ingresos de los trabajadores.

Con el Programa redoblaremos la formación de los profesionistas que requiere nuestro desarrollo, impulsando la educación superior, respetando la autonomía académica y la libertad de cátedra, apoyando el desarrollo del personal docente, y fortaleciendo la pertinencia y la evaluación sistemática de planes y programas de estudio.

Con el Programa daremos nuevo vigor a la investigación científica, humanística y tecnológica, para que sean soportes de una formación integral y humanística, y para que fomenten el aprovechamiento oportuno y eficiente en el conocimiento y su aplicación.

El Programa de Desarrollo Educativo ratifica que una educación pertinente, equitativa y de calidad es el mejor legado de los padres a los hijos; de los maestros a los alumnos; de la autoridad a sus representados; del México de hoy al México del porvenir.

Como a lo largo de nuestra historia, estamos resueltos a sembrar educación, hoy, para que los mexicanos de mañana cosechen oportunidades y progresos; crecimiento y bienestar; democracia y justicia.

Muchas gracias.







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