22 de febrero de 1995.

Día del Agrónomo.

El Presidente Ernesto Zedillo Ponce de León encabezó la ceremonia conmemorativa del Día del Agrónomo, en el salón Adolfo López Mateos de la residencia oficial de Los Pinos.

En el acto, el Jefe del Ejecutivo pronunció el siguiente discurso:

Señor ingeniero Carlos Pérez Torres;
Presidente del Colegio de Ingenieros Agrónomos de México;

Señor ingeniero Fernando Zuluaga Albarrán; Presidente de la Confederación Nacional
Agronómica;

Amigas, amigos agrónomos:

Me da mucho gusto compartir con ustedes el Día del Agrónomo. Los felicito por las jornadas de trabajo que hoy han celebrado, los felicito por los trabajos conjuntos que cotidianamente realizan el Colegio y la Confederación. Felicito, asimismo, sinceramente a quienes hoy han sido objeto de esta distinción al mérito agronómico.

La agronomía ha jugado un papel decisivo en el desarrollo rural de nuestro país. La especialidad profesional que ustedes practican nutrió los avances y evolucionó al compás de los logros de la Reforma Agraria, una de las más nobles banderas de la Revolución Mexicana.

En México los agrónomos contribuyeron a que la tierra produjera sus frutos enriqueciendo el conocimiento tradicional de los campesinos con la aplicación de técnicas modernas; sin embargo, desde la década de los años sesentas el campo mexicano ha crecido muy por debajo del resto de la economía. No podemos sino coincidir con los rasgos principales del escenario del campo mexicano que fueron descritos aquí por el ingeniero Zuluaga Albarrán.

Hoy un deber fundamental es encontrar las soluciones productivas y de justicia social para que el campo crezca con el dinamismo que exige el desarrollo integral al que aspiramos los mexicanos.

Las reformas al Artículo 27 Constitucional, la promulgación de la nueva Ley Agraria y la renovación de las instituciones públicas dedicadas a la atención del agro, han transformado y seguirán transformando la relación entre el Estado y los productores rurales. Hoy contamos con un nuevo marco de libertades y capacidad de decisión de los productores sobre el uso de sus tierras; hoy contamos con nuevas condiciones para alcanzar mayor justicia en el campo, pero debemos reconocer que todo ello no es suficiente. El Gobierno de la República, por tanto, no abandona ni abandonará su responsabilidad con el campo, ni su responsabilidad con el bienestar de los hombres y las mujeres del campo.

El desarrollo rural, como aquí se ha descrito, debe sustentarse en diversas, en muchas tareas básicas; debe ampliarse, como aquí se ha señalado, la infraestructura productiva en caminos, en carreteras, puentes, almacenes, transporte, abasto, redes de frío, irrigación; debe construirse un sistema de financiamiento para el hombre del campo que otorgue financiamiento oportuno, suficiente y a costos competitivos; debe mejorarse la productividad general del campo en la producción agropecuaria, mediante la innovación tecnológica, la capacitación, la educación y, por supuesto, debe darse un mejor aprovechamiento de los mercados a través de mejoras sustantivas en los sistemas de comercialización.

Se deben abrir opciones a las actividades secundarias y terciarias en el campo, pues la sola producción agrícola y ganadera no será suficiente para crear los empleos necesarios.

Debemos dar un impulso decidido a la expansión de las agroindustrias.

También debemos desplegar con una energía sin precedente una política social y de combate a la pobreza en el campo mexicano, para otorgarle a la población rural los servicios mínimos para una vida digna.

En todas estas tareas ustedes están llamados a jugar un importante papel, seguramente lo harán en las vertientes que aquí expuso el ingeniero Pérez Torres, y que me parecen a mí son de la mayor pertinencia.

El desarrollo rural exige profundizar la transformación del campo, y en ese desafío estoy seguro que contaremos todos los mexicanos con ustedes los agrónomos. El campo mexicano necesita de su capacidad técnica, el campo mexicano necesita de sus conocimientos, el campo mexicano necesita de su vocación de servicio y del aprecio a la tierra de ustedes. Sé bien, entonces, que el desarrollo rural contará con su esfuerzo y con su tarea.

Para aprovechar mejor esta transformación del campo debemos abrir nuevas opciones productivas, con una nueva mentalidad, tanto de los productores como de los servidores públicos y de los técnicos. Esa nueva mentalidad comienza a expresarse con creatividad en el talento, en el contenido de las propuestas que ustedes han formulado. Recibo con interés y estudiaré con detenimiento sus propuestas para establecer un sistema unificado para el bienestar rural y un sistema nacional de servicios profesionales para el desarrollo rural.

A reserva de analizar en detalle estas propuestas y de aguardar también su participación en la formulación del Plan Nacional de Desarrollo y los programas sectoriales correspondientes, quiero hoy invitarlos a que participen en la consulta que se está iniciando en los estados para la federalización de las tareas de la Secretaría de Agricultura. Con seguridad, sus conocimientos y su compromiso social con el campo se traducirán en una importante contribución para que la gestión gubernamental responda mejor a las necesidades de la población rural.

El sector agropecuario reclama acabar con el centralismo que inhibe el despliegue de energías, la imaginación y la voluntad de los hombres y las mujeres del campo.

Tanto los productores como los técnicos saben que para hacer genuino el desarrollo rural debe ser regional. Por eso, impulsaremos con ellos y con ustedes un nuevo federalismo, que abra nuevos espacios a la iniciativa local, a la iniciativa comunitaria.

El federalismo y la participación comunitaria habrán de ser una base importante del desarrollo rural de nuestro país, y en esa labor estoy seguro que ustedes, como siempre, estarán presentes.

Amigas y amigos agrónomos:

La profesión de ustedes inculca una preocupación permanente por los problemas del campo. Ustedes saben que para superar esos problemas, señaladamente en las comunidades indígenas, se requiere de paz, justicia, dignidad y unión de esfuerzos.

Ese es precisamente el objetivo del Gobierno de la República en el estado de Chiapas. A ese objetivo han obedecido las graves decisiones que en ámbito de mi responsabilidad constitucional, he debido tomar durante las últimas semanas.

Cada una de ellas está sustentada en mi profunda convicción de que en Chiapas, como en todo conflicto, la solución no puede surgir de la violencia. Una solución verdadera, perdurable y aceptada por todos, sólo puede surgir de la negociación, pero de la negociación en el marco de la ley.

En Chiapas, debemos construir nuevas bases para una paz definitiva, una justicia para todos, una dignidad respetada por todos, una unión de esfuerzos verdaderamente comprometida.

Para que esas bases sean sólidas, es esencial que estén fundadas en la ley, es esencial que reconozcan la primacía del Estado de Derecho.

Afirmo de nuevo que: el cumplimiento de la ley no produce ni vencedores, ni derrotados. La observancia de la ley genera certidumbre, seguridad y respeto. Y he afirmado también que: en Chiapas la solución está en la conciliación de la observancia de la ley con la vía política. Política y Derecho no deben, ni pueden excluir a nadie. En ellas podemos encontrar y sumar voluntades.

Hoy reitero, con toda claridad que: en Chiapas es fundamental que avancemos apoyados en una auténtica y respetuosa corresponsabilidad entre el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo. Bajo ese espíritu de corresponsabilidad, invito respetuosamente a los señores legisladores a que nos propongamos elaborar una ley que no se limite a la amnistía y el desarme a que puedan acogerse quienes se han inconformado.

Elaboremos una ley de amplios alcances que comprenda esos aspectos, pero que los trascienda a fin de dotarnos con un marco jurídico idóneo para avanzar con claridad y certeza hacia una solución justa y permanente.

De hecho, propongo que la ley que rinda como uno de sus efectos la amnistía de quienes hoy están en desapego al régimen jurídico, sea concebida y denominada como Ley para el Diálogo, la Conciliación y la Paz Digna en Chiapas.

Debemos trabajar juntos para que el Gobierno Federal pueda emprender una negociación cabal y definitiva, pero sin apartarse del orden jurídico. El Congreso debe otorgarle al Ejecutivo Federal los medios jurídicos para cumplir los propósitos del diálogo y la pacificación. Deberá ser una ley que establezca un marco jurídico adecuado para facilitar los contactos, emprender el diálogo, fincar negociaciones genuinas, procurar acuerdos, asegurar su seguimiento, concertar una amnistía suficiente y propiciar la incorporación permanente de quienes se han inconformado al ejercicio de la política en los cauces pacíficos que ofrece el Estado de Derecho.

Dicha ley habrá de proporcionar en condiciones de absoluta legalidad garantías a la integridad física y libertad de todos quienes participen en el diálogo. Será un paso decisivo para avanzar hacia el diálogo y a la negociación, hacia la respuesta efectiva a las raíces de la inconformidad, hacia la solución definitiva, legal y política.

La Ley para el Diálogo, la Conciliación y la Paz Digna en Chiapas, deberá establecer un marco de certidumbre y seguridad para que con libertad y en plazos razonables, se aborden los temas que se encuentran en la raíz del conflicto chiapaneco.

Mi gobierno está resuelto a abordar con franqueza y exhaustivamente las propuestas para superar la marginación de las comunidades indígenas, la renovación de la vida política en Chiapas para fortalecer la democracia, el impulso a las formas de organización de los indígenas en el marco de la Constitución, la consolidación de un Estado de Derecho que garantice justicia a todos y el fomento de un desarrollo con justicia social.

Esta iniciativa de ley, será respetuosa de los principios constitucionales y consecuentemente no podrá atentar contra la defensa de la soberanía de nuestro territorio.

Con esta iniciativa y las adiciones que resuelva el Congreso de la Unión, contaremos con un marco de derechos y libertades, de deberes y responsabilidades para avanzar hacia una paz con dignidad y justicia.

Esa es la paz que todos queremos, esa es la paz que Chiapas merece, esa es la paz que México anhela, esa es la paz con la que mi gobierno está comprometido.

Gracias.

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