19 de Febrero de 1996

El Presidente de la República encabezó en las instalaciones del Campo Militar No. 1, una ceremonia con motivo del Día del Ejército.

A continuación, se presenta el discurso pronunciado por el Primer Mandatario:

Señores Presidentes de la Gran Comisión de la Cámara de Diputados y de la Cámara de Senadores;

Señores Secretarios de la Defensa y de Marina;

Ciudadanos Generales, Jefes, Oficiales y tropas del Ejército Mexicano;

Señoras y señores:

Como Presidente de la República y como Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas, me siento muy orgulloso de compartir con ustedes la celebración del Día del Ejército.

El Ejército Nacional es un firme pilar de la estabilidad y de la unidad nacional.

El Ejército Nacional representa la defensa de la soberanía nacional y es garantía de la integridad de nuestro territorio.

Los soldados de México dedican su vida y su esfuerzo a preservar nuestras instituciones; a auxiliar a la población civil; a sostener el derecho a la libertad, y el derecho a la concordia y a la paz.

Día con día nuestro Ejército confirma su lealtad, su dimensión institucional, su participación decisiva en la tarea común de fortalecer a México.

El Ejército Mexicano tiene un origen firme y permanentemente popular y una brillante historia de heroísmo, honor y dignidad. Una historia de entrega a la Patria, que le ha ganado el reconocimiento de la nación y el aprecio del pueblo con el que se identifica y al que sirve.

En los tiempos que corren, de intensos cambios económicos, políticos y sociales, el Ejército Mexicano se ha mantenido como un sólido baluarte de la legalidad.

Lo ha hecho con prudencia y determinación, con profesionalismo y eficiencia, con profundo respeto a los derechos de los mexicanos y con un hondo sentido de solidaridad.

Los integrantes de nuestras fuerzas armadas saben bien que las sociedades son dinámicas y se transforman continuamente.

Saben también que para consolidarse y fructificar, todo cambio debe realizarse en el marco de la ley y que la observancia del Derecho no excluye la tolerancia y la negociación. En la ley podemos dialogar y entendernos todos. En la ley todos podemos contribuir a las transformaciones para construir un México mejor.

Quiero hacer un reconocimiento especial al Ejército, por su desempeño en una tarea que empieza a reflejarse en los resultados que anhelan todos los mexicanos.

La firma en Chiapas de los primeros acuerdos es un paso en firme hacia la paz definitiva y con dignidad y justicia en ese estado de la república.

El Gobierno Federal, el Ejército Nacional y todos quienes están comprometidos con la paz y la concordia para el progreso y la equidad, comparten la convicción de que en Chiapas debemos avanzar mediante el diálogo y la negociación en el marco de la ley.

Esa ha sido también mi convicción invariable. Por eso, incluso antes de asumir la Presidencia de la República tomé la iniciativa de procurar una negociación seria y de buena fe.

Desde el inicio de las negociaciones, afirmé mi certeza de que en Chiapas la solución definitiva debe estar acompañada por una atención esmerada y eficaz a las condiciones de miseria e injusticia que están en la raíz del conflicto.

Ese ha sido el ánimo con que emprendimos, continuamos y mantendremos la negociación.

Si queremos la paz, no debemos recurrir a la violencia. Si queremos desarrollo genuino con justicia, todos debemos contribuir a su construcción. La paz con justicia y el desarrollo con equidad requieren el compromiso de todos y la acción intensa y permanente de las instituciones de la república.

De ahí que mucho ha significado la presencia de nuestras instituciones en todo el territorio chiapaneco para el inicio efectivo y la continuidad del diálogo y la negociación. También mucho ha significado la tarea sustantiva y mediadora que han realizado los miembros de la Comisión de Concordia y Pacificación, integrada con la pluralidad del Poder Legislativo.

Hoy, los acuerdos que se han firmado constituyen un primer paso de muchos que todavía deberemos emprender y culminar.

Ciertamente se trata apenas de un primer paso, pero demuestra que entre los mexicanos, la solución a todo conflicto, está en el diálogo respetuoso de la ley y respetuoso de las diferencias; demuestra que a través de la negociación podemos avanzar con la ley hacia la justicia.

En Chiapas, seguiremos trabajando con el lenguaje y los hechos de la paz y la justicia.

En Chiapas, seguiremos hablando con el lenguaje de la reconciliación y la concordia.

Soldados de México:

El Ejército Mexicano ha sabido luchar por la paz, por la libertad y por la justicia, con profesionalismo, con estricto apego a sus atribuciones y con lealtad a toda prueba hacia las leyes y las instituciones de la república.

El Ejército Mexicano actúa con profunda conciencia de que nuestra mayor fuerza es la unidad de todos los mexicanos, y de que la base más firme de esa unidad es la soberanía de la Nación.

El Ejército Mexicano apoya, sirve y defiende la soberanía nacional y la unidad de los mexicanos.

Por eso, quiero reiterar ahora mi compromiso de vigilar que el Ejército Nacional cuente con los medios necesarios para cumplir con su alta responsabilidad. Impulsaremos la capacidad y la eficacia del Ejército, para que siga sirviendo con oportunidad, con honor y con sentido del deber al pueblo de México.

Exhorto a los generales, jefes, oficiales y tropa, a que continúen esforzándose para que la cohesión y la disciplina, la convicción y el compromiso de nuestro Ejército sean siempre tan sólidos como hoy.

Exhorto también a que cada miembro del Ejército Nacional continúe trabajando con disciplina, eficacia y solidaridad al servicio del pueblo, especialmente de quienes más lo necesitan.

Sé que en esa labor cotidiana seguirán ganando el reconocimiento de la Nación y el afecto y la identificación del pueblo mexicano.

Sé que en esa labor cotidiana, seguirán siendo ejemplo de patriotismo, honor y entrega.

Con el respaldo del pueblo, con la fortaleza de nuestras instituciones, con el trabajo permanente de nuestro Ejército, México seguirá siendo una nación unida, libre y soberana.

Muchas gracias.

México-República Federativa de Brasil

19 de febrero de 1996

El Jefe del Ejecutivo, doctor Ernesto Zedillo Ponce de León recibió en visita de Estado al Presidente de la República Federativa de Brasil, doctor Fernando Henrique Cardoso.

Ceremonia de Bienvenida

Durante la ceremonia, se pronunció en los siguientes términos:

México recibe hoy con especial gusto, alegría y emoción, a un gran amigo de nuestro país y a un maestro estimado en toda América Latina; México recibe hoy con profunda satisfacción y señalado honor al Jefe de Estado de una nación entrañablemente querida para todos los mexicanos: al doctor Fernando Henrique Cardoso, Presidente de la República Federativa de Brasil.

Nos es particularmente grato recibirlo acompañado de doña Ruth Cardoso, distinguida esposa y compañera suya en las ideas y el estudio, en la vocación de servicio y el compromiso con su pueblo.

Al Norte y al Sur del continente, México y Brasil se identifican por su geografía, a la vez generosa y desafiante, por las raíces múltiples de una población joven y dinámica, por la celosa defensa de su soberanía y sus libertades.

Brasileños y mexicanos compartimos una clara conciencia sobre la fecunda diversidad cultural de nuestra sociedad y sobre nuestra común pertenencia y fraternidad latinoamericana.

Hoy Brasil y México también se identifican y se reconocen en el esfuerzo de ambas naciones por construir un desarrollo vigoroso y equilibrado, un desarrollo justo y democrático, un desarrollo que integre y beneficie a cada familia, a cada comunidad, a cada región.

Hoy los mexicanos también nos identificamos con el esfuerzo que en su patria encabeza usted, señor Presidente Cardoso, para construir una economía moderna y abierta, productiva y en crecimiento; con su esfuerzo para consolidar una vida democrática plena, sólida y transparente, con su esfuerzo por impulsar con toda determinación la educación como simiente de un país de oportunidades y equidad.

Como Mandatarios de dos pueblos orgullosos de su historia y que miran hacia el porvenir, nos identifica la convicción de que la nueva grandeza de Brasil y México sólo puede construirse perseverando en su modernización y en su participación en un mundo crecientemente competitivo y exigente.

Hoy, señor Presidente, es tiempo de aprovechar la simpatía que se profesan nuestros pueblos, la identificación de los esfuerzos que realizan nuestras sociedades, el enorme potencial de ambas naciones para que nuestros vínculos políticos y económicos adquieran una nueva dimensión.

Entre nuestros países no debe haber una distancia cordial, sino un acercamiento permanente y una colaboración intensa. Por eso proponemos que ese acercamiento y esa colaboración se finquen y se expresen en una alianza estratégica.

México quiere establecer con Brasil una alianza estratégica para el diálogo y la concertación en asuntos regionales y mundiales sobre los que compartimos visiones e intereses.

México quiere establecer con Brasil una alianza estratégica para promover resueltamente el libre comercio y las inversiones productivas que generen empleos y oportunidades en ambas naciones.

México quiere establecer con Brasil una alianza estratégica que aliente nuestros intercambios educativos y culturales, técnicos y científicos que enriquezcan nuestro conocimiento mutuo y nuestra relación bilateral.

Nos anima la certeza de que en ocasión de esta visita de Estado y de las conversaciones y trabajos con su distinguida comitiva, avanzaremos con firmeza en la concepción de una alianza estratégica que sea símbolo de amistad fraternal, de suma de voluntades y multiplicación de iniciativas conjuntas; de una nueva cooperación fructífera que beneficia a Brasil y a México.

Señor Presidente:

Un gran mexicano, hombre de reflexión y cultura, como usted, que amó y admiró profundamente al Brasil, saludó en su patria la fantasía de su naturaleza, la inteligencia y la ética de su historia, los claros horizontes de su porvenir cruzados por las luces que dan al cielo brasileño una intensidad de esperanza y confianza.

Hoy, ese saludo de Alfonso Reyes inspira el afecto y la emoción con que le recibimos en nuestro país. A nombre del pueblo y el Gobierno de México doy a usted, a su excelentísima esposa, a los miembros de su comitiva que le acompaña, la más cordial bienvenida a la capital de nuestra nación.

Su visita a México nos honra y nos alienta a reiterar los votos sinceros de todos los mexicanos por la prosperidad de los brasileños y nos anima a vislumbrar una nueva era de amistad y cooperación con la hermana República Federativa del Brasil.

Muchas gracias.

Reunión de los Mandatarios de México y Brasil

En el salón Embajador de Palacio Nacional el Jefe del Ejecutivo mexicano sostuvo conversaciones privadas con su homólogo, doctor Fernando Henrique Cardoso.

Al término de la reunión, el doctor Ernesto Zedillo Ponce de León pronunció las siguientes palabras:

Señor Presidente;

Señores Ministros y miembros de ambas delegaciones:

Deseo, una vez más, reiterar el enorme gusto de todos los mexicanos por contar con su distinguida presencia en nuestra patria.

Deseo subrayar lo que usted mencionó en sus palabras durante la recepción, en cuanto al significado que tiene, señor Presidente, el que usted haya, incluso, adelantado este viaje a nuestro país, y creo que en función de las conversaciones privadas que sostuvimos en el despacho presidencial hace unos minutos, y en esta mesa ahora, nuestros respectivos Cancilleres tienen una muy importante tarea que realizar de aquí a mañana en la tarde, cuando habrá de conocerse la Declaración Conjunta de su Gobierno y el Gobierno mexicano.

Evidentemente, estas conversaciones privadas apuntan a una importante declaración de gran contenido político, económico y ciertamente, de enorme impulso a los vínculos educativos y culturales entre ambas naciones.

Al cabo de estas dos reuniones de trabajo estoy convencido, aún más, de lo que afirmamos durante la ceremonia de recepción a usted, señor Presidente, que con su visita podremos iniciar una nueva etapa muy distinta, para bien en las relaciones entre nuestros países.

Así que mi exhorto es sencillamente a los señores Cancilleres para que recojan lo conversado y lo acordado con el señor Presidente Cardoso, y podamos, entonces, contar con esa importante declaración el día de mañana.

En el salón de recepciones de Palacio Nacional, el Presidente de la República ofreció una cena en honor del Excelentísimo señor Fernando Henrique Cardoso y su esposa señora Ruth Cardoso.

En el acto, pronunció las siguientes palabras:

Excelentísimo señor Fernando Henrique Cardoso, Presidente de la República Federativa de Brasil;

Muy distinguida señora Ruth Cardoso;

Muy distinguidos miembros de la comitiva del señor Presidente Cardoso;

Señor Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación;

Señores Presidentes de la Gran Comisión de la Cámara de Senadores y de la Cámara de Diputados;

Señoras y señores:

Alfonso Reyes describía el alma brasileña como la de un pueblo que sabe ser fuerte sin crueldades, ser digno sin perder la llaneza, que concierta la firmeza con la sonrisa, la dulzura con la valentía, la cultura cosmopolita con el culto del color local, que concibe la patria dentro de las armonías internacionales.

Hoy México evoca en el Presidente Cardoso esos atributos del alma brasileña que afirman nuestro afecto y admiración por su pueblo y nuestra amistad con su gobierno.

Hoy México se complace muy especialmente en recibir al Jefe de Estado de una nación con la que siempre hemos guardado hondas afinidades, y con la que queremos estrechar todos los órdenes de nuestra relación.

México quiere avanzar de la distancia cordial que ha caracterizado a nuestras relaciones, a una alianza estratégica que venza la lejanía geográfica y responda más genuinamente a los sentimientos de simpatía que prevalecen entre los pueblos brasileño y mexicano.

En el mundo de hoy la comunicación vence con facilidad la distancia geográfica y aún las diferencias lingüísticas. A partir de una comunicación respetuosa, fluida y constante, México quiere establecer con Brasil un nuevo diálogo, más intenso, franco y provechoso para ambas naciones, un diálogo permanente, que sea el más firme apoyo de nuestra amistad y que se sustente en el compromiso y el afán recíprocos de entendernos; un diálogo amplio, que estimule en la política y en la economía, en la cultura y en la diplomacia un mejor entendimiento entre los dos países; un diálogo activo que, incluso, rectifique desencuentros y, en cambio, acentúe la convergencia de nuestros intereses y facilite la concertación de nuestras posiciones en los foros multilaterales; un diálogo, sobre todo, que acerque a Brasil y a México, que acreciente sus afinidades y promueva sus objetivos comunes.

Estamos resueltos a extender y fortalecer el diálogo entre todas las esferas políticas de nuestros países, de ahí la importancia de que nos honren hoy con su presencia destacados dirigentes de los Poderes Legislativos de Brasil y México.

Estamos convencidos, señor Presidente, de que entre más unidos estén Brasil y México, más fuerte será cada una de nuestras naciones, y más fuerte será Latinoamérica.

La visita de Estado del Presidente Cardoso propicia la ampliación de los espacios de nuestra cooperación bilateral y a la vez alienta fórmulas innovadoras de cooperación en América Latina y el Caribe.

México tiene un profundo interés en negociar con el MERCOSUR, un acuerdo amplio que ordene, otorgue certidumbre y dé transparencia a las relaciones comerciales entre todas las partes. Simultáneamente estamos decididos a dar un impulso sin precedentes a los intercambios, las iniciativas productivas y las inversiones mexicanas y brasileñas que generen nuevas oportunidades y más empleos en beneficio de nuestros pueblos.

Queremos promover una nueva etapa en las relaciones económicas entre Brasil y México; en este sentido, debemos aprovechar la excelente disposición de los sectores empresariales de ambos países para fomentar sus operaciones de coinversión y de comercio.

México y Brasil, también comparten como indiscutible prioridad de su política social el impulso a la educación y la cultura, a la ciencia y la tecnología. Por eso, durante nuestras conversaciones ambos mandatarios hemos convenido en instruir a las respectivas Cancillerías, para que den especial atención a la adopción de un programa de cooperación que revitalice, extienda y profundice los proyectos de colaboración educativa, cultural y científica.

Estamos decididos a reforzar las acciones bilaterales para combatir el consumo, la producción y el tráfico de drogas y precursores químicos, así como el lavado de dinero y los delitos conexos. Para ello nos hemos propuesto alcanzar un acuerdo amplio de asistencia jurídica que refuerce nuestra cooperación en la lucha contra el narcotráfico.

Hemos coincidido también en la necesidad de propiciar el fortalecimiento de las instituciones financieras intencionales, a fin de promover el desarrollo ordenado de los mercados y responder mejor a los retos de la creciente globalización.

México comparte con Brasil la determinación de iniciar el Siglo XXI con una alianza estratégica para la amistad y el progreso recíproco, para la complementación provechosa y la multiplicación de oportunidades para el desarrollo pleno y con justicia para nuestras naciones.

Señor Presidente;

Señoras y señores:

Los mexicanos de este tiempo vivimos atentos a muchas de las más altas manifestaciones culturales de Brasil, lo mismo los atrevimientos de su música y la elegante osadía de su arquitectura, que las múltiples voces y la vitalidad de su literatura.

Juan Rulfo, el mayor de nuestros novelistas fue un lector atento y conocedor de los escritores brasileños, que evocó con frecuente admiración a Guimaraes Rosa, Rubén Fonseca, Raquel de Queiroz y Nélida Piñón.

Justamente, Nélida Piñón, al recibir, hace unos meses el Premio Juan Rulfo -por cierto aquí presente esa admirada señora- nos invitaba a evitar las distancias entre Brasil y México al tiempo que nos convoca a iluminar nuestro diálogo y nuestro quehacer con la rica imaginaria, el mosaico cultural de raíces y la vigorosa historia de Iberoamérica.

Sabemos que, animado por ese afán de diálogo, de acercamiento usted, señor Presidente, ha forjado una presencia en nuestro país siempre significativa, una influencia siempre fecunda, que ha alentado el estudio, la reflexión, sobre los problemas de México, Brasil y toda la América Latina.

Muchas veces el Presidente Cardoso visitó México y trabajó con distinguidos mexicanos dando siempre ejemplo con su inquebrantable celo de conocer, para transformar, de pensar, para actuar; de criticar para construir. En este sentido coincidimos en que nuestros países, en nuestro continente y en todo el mundo, no es regresando a un pasado, ya superado, como avanzaremos a un mejor porvenir.

La nueva grandeza, a la que aspiran nuestros pueblos, será mañana el resultado de la modernización de hoy; será el fruto del esfuerzo y la tenacidad con que hoy acometamos una firme transformación económica, social y política, por eso, con particular gusto recibimos hoy al estadista visionario y comprometido con su pueblo; al gran amigo, conocedor de México, a un excepcional hombre de cultura y maestro de muchas generaciones de estudiosos latinoamericanos.

Los mexicanos deseamos hacer hoy un reconocimiento al representante de una nación muy querida: deseamos hacer, al señor Presidente Cardoso, un reconocimiento que corresponda a los lazos de afecto que unen a nuestros pueblos.

Me es, especialmente, satisfactorio imponer a usted, el Gran Collar de Aguila Azteca, la más alta condecoración que México confiere a un extranjero.

Recíbala, señor Presidente Cardoso, como testimonio de nuestro reconocimiento al amigo entrañable de nuestra gratitud, al maestro siempre bienvenido, de nuestro respeto al Jefe de Estado de una nación hermana y admirada.

Recíbala, señor Presidente, como muestra de nuestro anhelo sincero por el bienestar y el progreso del pueblo brasileño; de nuestro anhelo por la firme amistad, el diálogo permanente y la alianza estratégica entre México y Brasil. Muchas gracias.

Luego de recibir la condecoración de la Orden Nacional Do Cruzeiro Do Sul, de manos del Presidente Fernando Henrique Cardoso el Presidente Ernesto Zedillo mencionó lo siguiente:

Es para mí un altísimo honor: recibir el Gran Collar de la Orden Nacional Do Cruzeiro Do Sul, con que el Presidente Cardoso y el Gobierno Brasileño, han querido reafirmar el entrañable cariño y las profundas afinidades que unen a nuestras naciones.

En nombre de todos los mexicanos recibo esta condecoración que simboliza la amistad y la voluntad de acercamiento entre Brasil y México.

En nombre de esa amistad y de nuestra voluntad compartida invito a todos a brindar por la salud y el bienestar del Presidente Cardoso y de su distinguida esposa, por la prosperidad del pueblo brasileño y por la nueva alianza estratégica entre Brasil y México.