12 de julio de 1996.

PALABRAS DEL PRESIDENTE ERNESTO ZEDILLO, DURANTE LA CEREMONIA DEL "DIA DEL ABOGADO", QUE ESTA MAÑANA ENCABEZO, Y EN DONDE HIZO ENTREGA DE RECONOCIMIENTOS A ABOGADOS DISTINGUIDOS, EN EL SALON "ADOLFO LOPEZ MATEOS" DE LA RESIDENCIA OFICIAL DE LOS PINOS.

Señores Presidentes de la Gran Comisión de la Cámara de Diputados y de la Cámara de Senadores;

Señoras y señores abogados:

Con especial gusto celebramos hoy el "Día del Abogado", y con especial gusto, también, he querido compartir esta fecha con los abogados del país, porque México es tierra que ha dado brillantes juristas y grandes legisladores, rectos jueces y talentosos litigantes. Porque en México los abogados siempre han contribuido activamente a establecer nuestros derechos, cimentar nuestras instituciones y enriquecer nuestra vida cultural.

Los abogados han destacado en la defensa de nuestras soberanía, y la promoción de las libertades y los derechos humanos, en la educación y en las letras, en la investigación y en las finanzas, en la diplomacia y en el servicio público.

En especial, a lo largo de nuestra historia, una y otra vez los abogados se han esforzado por hacer de México un país de leyes y de justicia.

El Estado de Derecho, como lo señaló el Licenciado García Villalobos, trae consigo la seguridad jurídica, que es la primera seguridad a la que debemos aspirar, pues de ella se derivan todas las demás seguridades.

Los abogados saben y postulan que la vigencia del Estado de Derecho es fundamental para sustentar el desarrollo económico, para lograr una convivencia política, plural y civilizada, para gozar de una armonía social, fundada en el respeto a las garantías y derechos de cada uno.

Los mexicanos estamos trabajando para que la ley sea aplicada a todos por igual, para que nadie se haye por encima de las normas y no tengan cabida entre nosotros la impunidad, ni la corrupción.

Los mexicanos rechazamos enérgicamente la violencia, la inseguridad pública y la falta de equidad en el acceso a la justicia.

Los mexicanos nos sentimos afrentados por la frecuencia de los delitos que dañan el patrimonio y la dignidad de nuestras familias y de nuestros conciudadanos. Rechazamos con profunda indignación, que no pocas veces, esos delitos sean cometidos por quienes son responsables de que la ley se cumpla y de velar por la tranquilidad pública.

Por eso, desde los primeros días de mi Gobierno se han promovido reformas para transformar a fondo el Sistema de Justicia y de Seguridad Pública. Reformas que atienden tanto al propósito esencial de fortalecer al Poder Judicial, como a la urgencia de reforzar los mecanismos que garanticen a los mexicanos seguridad en sus personas y en su patrimonio.

Gobierno y sociedad estamos sumando nuestra voluntad y nuestro esfuerzo para construir un régimen de convivencia social regido plenamente por el Derecho.

A la vez que hemos avanzado en las tareas legislativas, hemos dedicado un esfuerzo especial a la transformación de nuestras instituciones. Tenemos la convicción y el compromiso de cumplirlo a cabalidad.

Reitero ante ustedes, los abogados de México, que el Gobierno de la República sabrá cumplir su compromiso fundamental, con dar plena vigencia al Estado de Derecho.

Durante mi Gobierno se han hecho públicos presuntos actos ilícitos, que han provocado la justa indignación de la sociedad.

Más allá del escándalo, hay que ver en el conocimiento público y en la persecución de estas presuntas faltas, la firme decisión del Gobierno de la República para que México se consolide como un país de leyes, con un sistema de justicia transparente, moderno y confiable.

El daño que al país causan el sensacionalismo y el amarillismo no inhibirá de modo alguno la decisión de la autoridad para que cuando exista causa fundada se persigan presuntas violaciones a la ley.

Esta es una decisión que responde a la determinación irrevocable de todos los mexicanos, para hacer de México un país fuerte, donde todos nos sintamos igualmente protegidos y responsables ante la ley, donde todos tengamos acceso a la justicia y seamos tratados con equidad.

No descansaremos hasta que la confianza en el sistema de justicia y en los órganos de seguridad pública, sea una realidad fundada en la práctica cotidiana, en hechos diarios de justicia cumplida, y en esa tarea, México cuenta con la tradición, con las ideas, con la reflexiones que deben aportar los abogados de México. Abogados como los que hoy, en esta ceremonia, han recibido el reconocimiento de sus colegas.

Este día, diversas instituciones han reconocido a abogados que han sobresalido por su desempeño profesional y ético; por su voluntad de servicio a nuestra sociedad.

Como lo ha señalado Luis Maldonado, cada uno de los premiados es un ejemplo para las nuevas generaciones de abogados mexicanos.

En nombre del Gobierno de la República, ¡los felicito, maestros! ¡los felicito, señores abogados!

Consolidar nuestro Estado de Derecho en una tarea enorme. Exige que el Estado cumpla su parte, exige, también, la participación intensa, cotidiana y generosa de toda la sociedad.

Estoy seguro de que en esta empresa contamos con el respaldo de quienes ejercen la profesión de las leyes. El compromiso de los abogados con la transformación de nuestro sistema de procuración e impartición de justicia, es el más firme apoyo para nuestra aspiración a vivir en un país de leyes.

Sé que cada uno de ustedes comparte este compromiso. Sé que cada uno de ustedes continuará honrando la firme tradición jurídica de nuestro país.

Sé que ustedes continuarán aportando sus propuestas para fortalecer nuestro Estado de Derecho, para perfeccionar leyes y reglamentos, para consolidar nuestras instituciones.

Sé que México cuenta con el trabajo, con la confianza, con la indeclinable voluntad de sus abogados.

Señoras y señores:

En toda sociedad democrática los representantes de organizaciones políticas y sociales, los líderes comunitarios y de la opinión pública, los profesionistas de todas las especialidades comparten una responsabilidad doble y delicada, la de honrar con ética invariable el ejercicio de su profesión y la de cultivar en cada gremio, en cada organismo colegido, en cada institución, la observancia y el cultivo de los valores de nuestra historia y de nuestra nación. Esos valores comprenden la libertad y el derecho, la verdad y la honradez, el respeto y la civilidad, la pluralidad y la convivencia armónica, el afán de superación y la equidad.

Esos valores han inspirado la construcción de México. Esos valores deben orientar hoy nuestra acción individual, nuestra vida económica, social y política; las relaciones entre ciudadanos, comunidades, agrupaciones y autoridades. De ahí que, como defensores del derecho, como miembros de una profesión eminentemente ética y como influyentes líderes de sus comunidades y en toda la sociedad, hoy exhorto a los abogados de México a enaltecer esos valores que propician el despliegue de libertades, el perfeccionamiento de la democracia, la procuración de una vida de dignidad y oportunidades para todos.

Como en toda sociedad crecientemente diversificada y dinámica, en la nuestra hay diferendos y exigencias, hay desencuentros y controversias, hay desafíos y aún conflictos, pero todos ellos pueden y deben resolverse en libertad y con respeto en la verdad y con honradez, en nuestra pluralidad y con civilidad, en la ley y con justicia.

Cada mexicano y cada mexicana, con una responsabilidad social, política o profesional debe ser ejemplo de rectitud e integridad, de apego a la ley y respeto a los demás, de saber privilegiar nuestra unidad fundamental y de incansable compromiso con el progreso de México.

Cada mexicano y cada mexicana que representa la voz y el interés de otros, tiene la responsabilidad de contribuir a encauzar la insatisfacción y los diferendos; las controversias y las exigencias en el marco del derecho y por los amplios cauces de nuestras instituciones.

Cada mexicano y cada mexicana, tiene la responsabilidad de contribuir a ensanchar esos cauces y a perfeccionar esas instituciones; y la mejor forma de hacerlo es en la ley y en la justicia.

Estoy seguro de que en el ejercicio de la abogacía, cada uno de ustedes seguirá honrando esos valores, cultivándolos en sus familias y en sus comunidades y promoviéndolos entre todos los mexicanos, ese será el mejor ejemplo para los jóvenes abogados de hoy y para los juristas del mañana; ese será el mejor ejemplo de ustedes para los mexicanos de hoy y mañana.