Chicago, Illinois, julio 23 de 1997.

Mensaje del presidente de México, Dr. Ernesto Zedillo Ponce de León, en la cena ofrecida con motivo de la Conferencia Anual del Consejo Nacional de la Raza.

Muchas gracias, Raúl, por tu amable presentación. Gracias por tu amistad de tantos años pero sobre todo, gracias por tu infatigable labor como un destacado defensor de los derechos y la dignidad de la gente de origen mexicano y de todas las comunidades hispano-americanas.

En nombre de mi esposa Nilda Patricia y en el mío propio quiero decirles que estamos muy agradecidos por habernos invitado a estar aquí esta noche.

Es muy grato que la Conferencia Anual del Consejo tenga lugar en Chicago, donde la presencia mexicana e hispana ha forjado una tradición que se remonta a los inicios de este siglo.

El estar con ustedes me da la oportunidad de reunirme con hombres y mujeres por quienes guardo un alto aprecio. Es muy satisfactorio encontrarme con los líderes de algunas de las más activas organizaciones hispanas. Me da mucho gusto ver aquí a dos mujeres extraordinarias: Antonia Hernández, presidente de MALDEF, y Belém Robles, presidente de LULAC. También me da mucho gusto ver a José Niño, presidente de la Cámara Hispana de Comercio, a Arturo Vargas, presidente de NALEO, a Tony Morales, del American GI Forum y a Baldemar Velásquez, presidente de FLOC. Con mucho gusto saludo a Chuy García, primer senador estatal de origen mexicano y resuelto defensor de los inmigrantes, así como a Sonia Silva, la primera congresista de este estado de origen mexicano. Doy un cálido saludo a Miguel del Valle, primer senador del estado de origen puertorriqueño y gran amigo de la comunidad mexicana, y a Luis Gutiérrez, primer representante latino de Chicago en llegar al Congreso de los Estados Unidos y firme defensor de los inmigrantes. Veo también a Richard Muñoz, del consejo de esta ciudad y a quien hace poco tuve el placer de recibirlo en Los Pinos junto con una delegación de Chicago.

Cada uno de ustedes, y muchos más que están aquí esta noche, constituyen una nueva generación de norteamericanos de origen hispano, una generación de líderes latinos que se ha forjado en el trabajo diario en sus barrios y comunidades.

Por eso me siento muy orgulloso de participar en esta ceremonia en la que varios miembros sobresalientes de las comunidades hispanas han recibido muy merecidos reconocimientos. Mis sinceras felicitaciones a quienes hoy han recibido estas distinciones.

Gracias a una larga historia de luchas y esfuerzo, y a logros sociales, económicos y culturales, las comunidades de origen hispano se han ganado un lugar destacado en los Estados Unidos; un lugar que debe ser de mayor influencia e importancia en el futuro.

Por eso, he venido a decirles con emoción que los mexicanos en todas partes, admiramos lo que las comunidades Hispanas han logrado para hacer valer los principios y aspiraciones de dignidad, igualdad y progreso aquí en los Estados Unidos. Quiero decirles que su infatigable lucha tiene todo el respeto y la admiración de sus hermanas y hermanos mexicanos al sur de la frontera.

Nos sentimos orgullosos, asimismo, de las capacidades organizativas y de la decisión con que ustedes y el Consejo Nacional de La Raza han ganado un amplio reconocimiento en la sociedad norteamericana. Estamos muy agradecidos a la comunidad México-Americana y, en general, a la comunidad latina por su constante defensa de los derechos y la dignidad de los inmigrantes.

En toda ocasión y en todo lugar en que los inmigrantes han sido víctimas de la discriminación y los prejuicios, ustedes los han defendido, los han apoyado y les han dado su invaluable respaldo. Ustedes los han ayudado a organizarse y, a la vez, han impulsado leyes que les confieran un trato más justo.

El Gobierno Mexicano tiene el más completo compromiso de seguir cumpliendo su parte para apoyar a los inmigrantes.

Estamos trabajando firmemente para que nuestra economía sea capaz de generar las oportunidades que nuestros connacionales vienen a buscar aquí. La migración es provocada por las disparidades económicas entre ambos países. En consecuencia, su solución sólo puede residir en el desarrollo económico suficiente y sostenido de México. Estoy seguro de que en el largo plazo lograremos dicho desarrollo pero de ningún modo podemos esperar pasivamente a que ello ocurra.

Al tiempo que edificamos nuestro desarrollo nacional, seguiremos utilizando todo medio legítimo disponible para proteger los derechos humanos y laborales fundamentales de nuestros compatriotas mexicanos en los Estados Unidos. Lo haremos siempre con una actitud constructiva, como la que prevaleció durante la visita del presidente Clinton a México, en mayo pasado.

En esa ocasión, ambos Gobiernos acordaron fortalecer la cooperación sobre este tema con base en tres principios fundamentales: el derecho de cada nación a aplicar sus leyes en su propio territorio; el respeto a los derechos humanos de todo individuo, y la necesidad de atender el fenómeno migratorio con un enfoque integral que combine la observancia de la ley, la preservación de la unidad familiar y la protección de la dignidad humana. Dentro de este marco seguiremos enfrentando los problemas y los retos vinculados a la migración.

Es de conformidad con estos principios que estamos enfrentando atrocidades como las reveladas el pasado fin de semana en la Ciudad de Nueva York. La respuesta adecuada consiste en el castigo más severo bajo los términos de la ley para quienes trafican con personas discapacitadas, y en un completo apoyo para reunir a éstos con sus familias y sus comunidades. Mi Gobierno honrará firmemente esta respuesta.

Animado por el mismo espíritu, el Gobierno Mexicano continuará fortaleciendo la protección consular y la asistencia legal para los migrantes a través de la red de 42 oficinas consulares en los Estados Unidos.

Esta es la red consular más grande en este país y estamos resueltos a que también sea la más eficiente.

También estamos vigorizando --y con el apoyo de ustedes, redoblaremos nuestro esfuerzo-- la red de institutos y centros culturales de México en los Estados Unidos.

Sabemos que nuestra cultura y nuestras tradiciones son fuente de gran orgullo para ustedes. Estamos decididos a que con su apoyo también sean fuente de creatividad, de cercanía y de solidaridad.

El pueblo y el Gobierno de México reconocen que nuestros lazos de hermandad, cooperación e intercambio con estas comunidades son fundamentales para el enriquecimiento de las relaciones entre nuestro país y los Estados Unidos.

De ahí que una de las prioridades más altas de política exterior de mi Gobierno ha sido la edificación de una nueva relación con los hombres y mujeres de origen mexicano que viven más allá de nuestras fronteras, señaladamente en los Estados Unidos.

Hemos extendido e intensificado nuestro Programa para las Comunidades de origen mexicano a fin de apoyar sus actividades cívicas, culturales y deportivas. En dicho programa participan la mayoría de los gobiernos estatales, cientos de municipios y decenas de organizaciones cívicas de ambos lados de la frontera.

El programa está dando resultados concretos como la alfabetización de adultos mexicanos, la distribución de más de un cuarto de millón de libros de texto para niños, la organización de eventos deportivos anuales que reúnen a miles de competidores, y las tareas de prevención de males infecciosos que afectan a migrantes y a sus familias.

He afirmado con orgullo que la Nación Mexicana se extiende más allá de sus fronteras y que los migrantes mexicanos son una parte importante de ella.

Por eso mi Gobierno impulsó una reforma constitucional para permitir que todo mexicano con el derecho y el deseo de adquirir otra nacionalidad, pueda hacerlo sin verse obligado a renunciar primero a su nacionalidad mexicana. Esta reforma fue aprobada casi por unanimidad por el Congreso Federal y ahora afortunadamente ya es parte de nuestra Constitución.

He venido aquí esta noche también para decirles que queremos que se sientan orgullosos de lo que cada uno de sus hermanas y hermanos mexicanos están logrando en nuestro país.

Los mexicanos estamos más unidos que nunca después de haber dado un paso definitivo hacia una plena democracia.

El 6 de julio, los mexicanos celebramos la culminación de una gran fiesta democrática. La celebración estuvo caracterizada por una entusiasta participación, el compromiso ciudadano y el respeto por el pluralismo. Ese día México accedió cabal e irreversiblemente a la normalidad democrática. Una normalidad que ha confirmado que el pueblo mexicano desea vivir unido en paz y en libertad, y que quiere avanzar en la democracia y la justicia.

Detrás de esta fiesta democrática, se halla una reforma electoral que exigió trabajo constante, gran paciencia y enormes esfuerzos pero que ciertamente han probado haber valido la pena.

En verdad me siento orgulloso de haber convocado, de haber alentado y defendido esta reforma en cada paso hasta su conclusión.

Con la aplicación ejemplar de las nuevas leyes e instituciones electorales así como con una destacada participación ciudadana, los mexicanos se demostraron a sí mismos y a todo el mundo que nuestra nación ha entrado a una nueva y promisoria etapa de evolución política, sustentada en los principios y las prácticas de la democracia.

De igual modo se mostró el inicio de una nueva cultura política basada en el respeto y la responsabilidad. Respeto por el diálogo y por la construcción del consenso. Responsabilidad para que todo servidor público electo asuma plenamente el compromiso de hablar con la verdad y de hacer propuestas serias, realistas y viables; de actuar con invariable honestidad y de cumplir su obligación con integridad, gobernando para todos. Confío en que todos los partidos políticos sabrán asumir los retos que implica el nuevo pluralismo que hoy vive México.

Los mexicanos estamos construyendo una cultura política de tolerancia, moderación y entendimiento. Una cultura que da más peso a lo que nos une que a lo que nos separa. Sabemos que entre más unidos estemos en torno a nuestros valores fundamentales, seremos más fuertes y respetados en todo el mundo.

México también está entrando a una nueva etapa en el ámbito económico.

Por más de una década, México ha realizado profundas reformas económicas, abriéndose al comercio internacional y alentando la inversión privada tanto nacional como extranjera. Las reformas estructurales han conformado una economía de mercado abierta y competitiva que ha sentado las bases para un crecimiento vigoroso y sostenido.

Tenemos un firme compromiso con el libre comercio. Se trata de un compromiso bien fundado. En menos de cuatro años, el TLC ha impulsado un incremento en el comercio bilateral entre México y Estados Unidos de casi el 70 por ciento, mucho mayor que lo previsto por las estimaciones más optimistas.

Hoy, México está comprando más a los Estados Unidos que todo el conjunto de América Latina. Las iniciativas conjuntas entre empresas mexicanas y estadounidenses --algunas de ellas basadas en el área de Chicago-- están creciendo a un ritmo impresionante. Todo esto está significando más y mejores empleos al norte y al sur de nuestra frontera. Esto es un apoyo para los mexicanos, así como para los norteamericanos y en particular los hispanoamericanos. Esto también significa un gran estímulo para redoblar nuestra decisión de cumplir todas las provisiones del TLC para la protección del ambiente.

Gracias a las reformas y al libre comercio; gracias a una responsable conducción económica y sobretodo, gracias, a la valentía y a la decisión del pueblo mexicano, superamos la crisis que estalló a fines de 1994 mucho antes de lo que nadie previó.

Ya el año pasado, nuestra economía creció a una tasa de más del 5 por ciento; el desempleo disminuyó fuertemente y la inflación se redujo a la mitad. Estas tendencias positivas de nuestra economía se han mantenido firmes en este año.

Dentro de mis facultades constitucionales, seguiré haciendo todo para mantener las políticas congruentes que nos permitan lograr y sostener un dinámico crecimiento económico. Pero no cualquier tipo de crecimiento. El crecimiento que los mexicanos queremos y que habremos de lograr, es uno con rostro humano.

Un rostro humano para los miles que demandan buenos empleos y mejores ingresos. Un rostro humano para las familias que exigen servicios de salud confiables y educación de calidad para sus hijos. Un rostro humano para los más necesitados; para todos esos mexicanos que demandan oportunidades reales y que merecen una esperanza clara.

Nuestro crecimiento económico tendrá un rostro humano que multiplique las oportunidades para todos.

Estoy seguro de que el éxito de México beneficiará también a los hispano-americanos y sé bien que entre más fuertes sean ustedes económica y políticamente aquí en Estados Unidos, mejor será la visión de México. Estoy seguro de que podremos simple y llanamente, avanzar juntos.

En todo rincón de México, sentimos orgullo al saber que cada uno de ustedes está trabajando día a día por un mejor futuro para sus familias y comunidades, y que además lo están logrando sin olvidar sus raíces y valores fundamentales.

Quiero invitarlos a seguir compartiendo el orgullo de nuestro legado. Los invito a vigorizar ese orgullo, trabajando aquí y allá como sabemos hacerlo; como siempre lo hemos hecho: con valentía, con inteligencia, con esfuerzo pero también con todo nuestro corazón.

Porque no se nos olvide que lo que más distingue a los mexicano-americanos, a los hispano-americanos y a los latinos, es su gran y noble corazón.

Por eso es que con mi corazón mexicano les deseo muchos éxitos más y les doy las gracias por haberme escuchado.

Buenas noches y muchas gracias a todos.

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