Los Pinos, 5 de marzo de 1997.

Versión estenográfica de las palabra del presidente Ernesto Zedillo, durante el desayuno que hoy encabezó, en el que se hicieron compromisos de inversión de empresas extranjeras radicadas en México, en el Salón "Adolfo López Mateos" de la residencia oficial de Los Pinos.

Señor Presidente del Consejo Coordinador Empresarial;
Señor Presidente de la Asociación Mexicana de Bancos;
Amigos, directivos y empresarios de las empresas de inversión extranjera directa en nuestro país;
Señoras y señores:

Me da mucho gasto reunirme nuevamente con ustedes, representantes de las empresas más importantes de inversión extranjera establecidas en nuestro país, pero sobre todo empresas comprometidas con el desarrollo de México.

Hace exactamente quince meses hablamos aquí de lo que significa su confianza en las oportunidades productivas de México y su confianza en la capacidad de los mexicanos. En aquel momento, como aquí se ha recordado, comprometieron ustedes inversiones por 6,300 millones de dólares. Hoy tenemos la mutua satisfacción de conocer que la meta en cuanto al monto total fue cabalmente cumplida, y que su confianza en México está rindiendo buenos frutos.

Hoy, a la vista de los resultados obtenidos, las empresas internacionales que ustedes representan muestran nuevamente su confianza en el amplio potencial de México, que fue mencionado por el señor Park, a través de inversiones que llegarán --esperemos-- a casi 7,200 millones de dólares. Esa inversión contribuirá significativamente a consolidar nuestra economía y, con ello, nos ayudará a crear los empleos que tanto necesitamos en nuestro país.

Los compromisos que ustedes, amigos inversionistas de América, Europa y Asia han expuesto aquí, demuestran que ven con optimismo el futuro de México; demuestran, también, que hemos avanzado --como nos lo propusimos desde 1995-- en la creación y en la consolidación de condiciones para que la inversión extranjera se oriente, por decisión propia, a la inversión productiva de largo alcance.

Cuando nos reunimos, hace quince meses, algunas voces expresaban dudas sobre nuestras posibilidades de salir adelante, y aún había quienes afirmaban que no seriamos capaces de hacerlo. Esas voces subestimaban la solidez estructuras de nuestra economía.

Los inversionistas mexicanos y extranjeros que tuvieron una clara visión de las tendencias de largo plazo, como explicó el señor Jean Duboc, supieron apreciar el programa que pusimos en marcha para lograr la recuperación y confiaron en la capacidad de los trabajadores, técnicos y profesionales mexicanos, de la que también habló Carlos Bué.

Con su participación en 1996 crecimos más de lo que nos habíamos propuesto, y esperamos que en este año el Producto Interno Bruto crecerá cerca del 4.5 por ciento.

Este será el año en el que consolidaremos la recuperación como un paso crucial hacia el crecimiento duradero, dinámico y sostenido que queremos y necesitamos para los próximos años.

Qué mejor argumento que los logros y perspectivas de nuestra economía, para demostrar que los mexicanos estamos trabajando en serio.

Qué mejor estímulo que la buena marcha de la gran mayoría de sus empresas para sustentar su decisión de seguir trabajando al lado de los mexicanos.

Todavía tenemos mucho que hacer para consolidar un crecimiento sostenido, para traducir esa recuperación que hoy empieza a darse en más empleos, mejores ingresos y bienestar personal y familiar para los trabajadores del país.

Pero hoy tenemos claro que el esfuerzo ha valido mucho la pena.Ya no estamos viendo cómo salir de la crisis. Hoy estamos viendo cómo seguir adelante, cómo aprovechar mejor las nuevas oportunidades de desarrollo que hemos abierto con el esfuerzo de todos.

Uno de los impulsos más importantes para este cambio en nuestras perspectivas, ha sido la exportación de productos mexicanos, así hemos comprobado que la apertura de nuestra economía, iniciada hace poco más de una década, fue realmente un acierto.

Por eso, con la misma seriedad y perseverancia seguiremos promoviendo nuevos acuerdos comerciales con todas las regiones económicas del mundo.

Gracias a nuestra incorporación a las corrientes mundiales de comercio, México es hoy una importante puerta de entrada a uno de los mercados más grandes del mundo.

México es un país que ha sabido ganarse con tenacidad y perseverancia, un sitio cada vez más relevante en el intercambio comercial del planeta.

Actualmente somos el mayor exportador de América Latina.

En los últimos diez años hemos quintuplicado nuestras ventas al exterior, que en 1996 llegaron a cerca de 96 mil millones de dólares.

En el mismo lapso, nuestras exportaciones no petroleras han crecido cerca del 20 por ciento en promedio, cada año, una tasa muy superior a la que mantienen naciones como Alemania, Japón y Estados Unidos, que promedian diez por ciento; es incluso superior esa tasa a las de Corea, China y Singapur que fluctúan entre 15 y 18 por ciento de incremento medio anual.

Detrás de esos números están historias de esfuerzo y logros, como las que hemos escuchado hoy. Como ustedes bien lo saben, además han participado activamente en ello, México es hoy el segundo país en desarrollo con mayor recepción de inversión extranjera directa, sólo después de China.

Estos hechos reflejan la nueva confianza en México que, a su vez, está fundada, y esto puedo decirlo con mucho orgullo, en la creciente productividad de nuestros trabajadores y en la calidad de los productos fabricados en nuestro país.

La tasa de crecimiento medio anual de la productividad laboral Mexicana es, incluso, superior a la de Estados Unidos y Canadá.

Para competir todavía mejor en el entorno mundial con los más altos estándares de calidad y productividad, seguiremos uniendo los esfuerzos de las empresas de los trabajadores y del Gobierno en el fortalecimiento de nuestra planta productiva, en la mejor preparación de los trabajadores y en la asimilación de las tecnologías más modernas.

Así mismo, mantendremos el camino de la recuperación para lograr un crecimiento sostenido.

La confianza de ustedes en la economía mexicana tiene fundamentos firmes.

La confianza en México, es confianza en nuestra historia y en nuestra cultura, y en los firmes valores de libertad y trabajo que compartimos la gran mayoría de los mexicanos.

Su confianza se basa también en la solidez de nuestras instituciones y en su capacidad de cambio y de adaptación a las exigencias de los nuevos tiempos.

Su confianza se respalda en nuestra firme voluntad de consolidar a México con una nación abierta al mundo, productiva, con capacidad de competencia y colaboración con el resto de las naciones.

Los felicito, porque al invertir en México toman una decisión acertada que los beneficia y que también beneficia a los mexicanos, pues su confianza y sus inversiones también contribuyen a la fortaleza de nuestra nación.

Muchas gracias.

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