Los Pinos, 15 de mayo de 1998.

Versión estenográfica de las palabras del presidente Ernesto Zedillo, durante la ceremonia conmemorativa del Día del Maestro, en la que hizo entrega del Reconocimiento "Ignacio Manuel Altamirano" al Desempeño en la Carrera Magisterial, en el salón "Adolfo López Mateos" de la residencia oficial de Los Pinos.

Muy estimado maestro Tomás Vázquez Vigil, secretario General del Comité Ejecutivo Nacional del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación;
Muy queridos y respetados maestros y maestras;
Señoras y señores:

Antes que nada, quiero desearles un muy feliz Día del Maestro, ¡muchas felicidades!

A mi esposa Nilda Patricia y a mí nos da un gusto enorme tener esta oportunidad de estar con ustedes en su día

Cada año esta fecha nos da ocasión para manifestar la admiración, el respeto y la gratitud que sentimos por todas las mujeres y los hombres que dedican su vida a la formación de nuestra niñez y de nuestra juventud.

Esta fecha nos permite recordar con cariño a nuestros propios maestros y maestras y, en su memoria, rendir un sentido homenaje a todos los profesores del país. Como parte de este homenaje, hace un rato tuve el honor de entregar la Medalla "Ignacio Manuel Altamirano" a 28 maestras y maestros, modelo de constancia y vocación, que han dedicado a la docencia cincuenta años o más.

Asimismo, en nombre del pueblo de México, felicito muy calurosamente a todas los maestras y maestros que obtuvieron más puntos en la carrera magisterial en este ciclo escolar, y en cuya representación un profesor o una profesora de cada estado y el Distrito Federal acaban de recibir un reconocimiento especial a su desempeño.

Cada una de estas dos preseas --que comparten el nombre del Maestro Altamirano-- simbolizan la estatura moral y el valor social que siempre ha tenido la figura del maestro para los mexicanos.

A lo largo de la historia, hemos sido un pueblo que da el más alto valor a la educación, como el mejor instrumento para la superación personal y colectiva.

Los padres de familia saben que los maestros son sus grandes aliados en el propósito de hacer de sus hijos e hijas, hombres y mujeres de bien y ciudadanos comprometidos con el progreso de nuestra patria.

Como en distintos momentos de su historia, México enfrenta hoy grandes retos que exigen un esfuerzo prolongado para superarlos. Para superar esos retos debemos examinarlos con realismo, enfrentarlos con decisión y, sobre todo, debemos mantener firmemente nuestra unidad.

Sólo si seguimos trabajando unidos, con metas claras, como lo hemos hecho en estos años, podremos superar los obstáculos que se alzan frente a nosotros. Ver los desafíos con claridad, significa también reconocer lo que con el trabajo de muchas generaciones hemos construido y los avances que vamos logrando. No lo hacemos con un propósito triunfalista, sino con el fin de encontrar un motivo de aliento en las tareas que tenemos por delante. Porque a pesar de las dificultades, lo cierto es que México avanza, México progresa porque su gente está decidida a labrarse un mejor futuro, y porque frente a cada adversidad los mexicanos, con enorme voluntad, estamos demostrando que tenemos la energía y la capacidad necesarias para salir adelante.

Gracias a la disciplina y al esfuerzo de todos, en todas las regiones, no solamente logramos recuperar los empleos perdidos y revertir la emergencia económica que sufrió el país a fines de 1994, sino que el año pasado conseguimos el mayor crecimiento de la economía de los últimos dieciséis años.

Y en este 1998, a pesar de algunos graves contratiempos que nos han llegado de fuera, el signo de la economía seguirá siendo el del crecimiento con generación de empleos. Este es un síntoma muy alentador. El crecimiento económico es el único camino que tenemos para disponer de los recursos que nos hacen falta para combatir con más eficacia la pobreza, para promover la equidad y para avanzar por el camino de la justicia social y de la democracia.

De ahí que gracias a la disciplina que nos está permitiendo iniciar una nueva etapa de crecimiento económico perdurable, este año hemos podido hacer el esfuerzo presupuestal extraordinario para mejorar las percepciones del magisterio al que se ha referido el maestro Vázquez Vigil el día de ayer, y hoy el secretario Limón

Los avances que se están logrando en lo económico están acompañados con avances decisivos en nuestro sistema político. México vive hoy una clara normalidad democrática, producto de la participación ciudadana, del compromiso de los partidos políticos y de la voluntad de cambio del Estado.

Asimismo, con el esfuerzo y la participación de los mexicanos estamos haciendo llegar servicios básicos, como electricidad, agua potable y drenaje, a muchas familias que carecían de ellos. Con ese esfuerzo y esa participación estamos llevando servicios de salud a más de 6 millones de personas que hace tres años y medio no los tenían; con ese esfuerzo --al que ustedes tanto contribuyen-- se está ampliando significativamente la cobertura de nuestra educación: en el actual ciclo escolar están acudiendo a la escuela 27.9 millones de niños y jóvenes, un millón 600 mil más que en 1994, y recordemos que el 90 por ciento asiste a instituciones públicas.

De este modo, hoy en día asisten a la escuela 74 por ciento de los niños de cuatro y cinco años de edad; 93 por ciento de los que tienen entre seis y catorce años, y 78 por ciento de los jóvenes entre trece y quince años de edad.

Además, estamos trabajando con ahínco para mejorar la calidad de nuestra educación: mientras que en 1994 el 83 por ciento de los niños que ingresaban a primaria habían cursado al menos un año de preescolar, ahora esa proporción es de más del 90 por ciento.

A la vez, se están reduciendo los índices de reprobación en la primaria y aumentando los de egreso en la secundaria. La eficiencia terminal de la primaria ha pasado de 73 por ciento en el ciclo 92-93, a 83 por ciento en el 96-97.

Tenemos nuevos instrumentos para que los niños y jóvenes con más carencias económicas puedan permanecer en la escuela y terminar su educación básica. Así, por ejemplo, mientras en 1994 se repartían 1.2 millones de desayunos escolares diarios, en este ciclo escolar estamos distribuyendo 4 millones diarios de desayunos, que era la meta original para el final del sexenio.

Así, también se ha puesto en marcha el Progresa, un programa que combate de manera simultánea los tres principales componentes de la pobreza extrema, que son: la ignorancia, la desnutrición y la enfermedad. Al hacerlo, hemos cuidado proteger de manera especial a las niñas y a las mujeres. Dentro del Progresa, dos millones de niños y jóvenes de primaria y secundaria reciben becas educativas.

Mediante los programas compensatorios, que atienden a la población que padece los mayores rezagos, en este año estamos entregando útiles escolares, material didáctico y libros a 4.8 millones de niños, hijos de las familias con más carencias.

Más de un millón de niños y jóvenes indígenas reciben educación en español y en 52 lenguas indígenas y sus variantes; esto es, 102 mil niños más que en el ciclo 92-93, un aumento del 16 por ciento.

La Telesecundaria está permitiendo ampliar la cobertura en este nivel entre la población que habita en zonas rurales. Actualmente, el sistema atiende a más de 817 mil alumnos, lo que significa 60 mil 500 más que en el ciclo anterior, un incremento de 8 por ciento en tan sólo un año.

Hacia fines de este año, la red de televisión educativa, EDUSAT, llegará a casi 30 mil centros receptores en todo el país; o sea, a todas las telesecundarias, a todas las secundarias generales y técnicas, a todos los centros de maestros y a las escuelas normales y, además, a 2 mil 400 planteles de primaria.

También está en operación la red escolar de informática educativa, que permite a los estudiantes y profesores servirse del Internet para comunicarse entre sí y allegarse materiales de interés para sus estudios. En este año, la red se extenderá de 176 a mil 266 centros educativos, que incluyen primarias, secundarias, normales y centros de maestros.

Próximamente, arrancará en toda la República un nuevo programa compensatorio, el Programa para Abatir el Rezago en Educación Inicial y Básica. En este programa, la participación de las autoridades locales y de la comunidad, será cada vez más importante y permitirá recoger las iniciativas de cada lugar para mejorar estos niveles fundamentales de la educación.

Estoy convencido que el rumbo que llevamos es el bueno, por eso debemos perseverar con más unidad, con más esfuerzo, con más entusiasmo, como saben hacerlo las maestras y los maestros mexicanos.

El progreso material y social de México está íntimamente asociado a los avances en el saber, en la cultura y en la adquisición de los valores fundamentales de la convivencia social en la libertad y en la democracia. Ustedes saben que los efectos de la educación en la justicia social deben ser tangibles, no espectaculares; deben ser profundos, no inmediatos.

El Gobierno Federal está resuelto a mantener el impulso a la cruzada educativa, a la que convocamos a todos los sectores sociales. Con el esfuerzo y la decisión de ustedes estamos cumpliendo la parte que nos corresponde.

Hoy en día más niños y más jóvenes son atendidos por el Sistema Educativo Nacional. Asimismo, son menos los que abandonan la escuela y más los que llegan a un grado escolar por encima del nivel de educación primaria. Quizá este avance en la educación nacional no ha sido observado con la atenta mirada que merece, pero es la base más firme de la futura grandeza mexicana; es la plataforma más segura para llevar a buen término los cambios profundos que hemos emprendido los mexicanos, y en este proceso de cambio el papel de las maestras y los maestros es decisivo; es decisivo para seguir construyendo entre todos un México justo y seguro, un México democrático y próspero, un México sólido, firme y más grande.

De la capacidad, el talento y la vocación de servicio de los maestros y las maestras, de su inteligencia y entrega, depende, en buena medida, que lo consigamos; un pueblo dueño del precioso bien de la escritura y la lectura. Un pueblo que sabe hacer cuentas, entender la historia patria y apreciar las riquezas naturales de esta magnífico país, sin duda, será un pueblo cada vez más orgulloso de su dignidad y de su identidad; será un pueblo contrario a la desidia, a la mentira y la demagogia, contrario a los ardides y soberbias que lastiman la soberanía nacional; contrario a la violencia y a la delincuencia, contrario a todo aquello que atente contra los derechos humanos, contra la salud de los niños y los jóvenes, contra la estabilidad de la sociedad y de sus instituciones.

Ustedes, si me lo permiten, compañeras y compañeros maestros, son los protagonistas de esa callada hazaña diaria de educar a la infancia y a la juventud en el conocimiento y en el ejercicio de esas aptitudes y de esos valores. Su trabajo es imprescindible para formar hombres y mujeres libres y útiles para el trabajo y la profesión honrados, condición que es esencial en la construcción de una nación vigorosa y sabia, que sepa leer la justicia y el progreso en las letras de la palabra: México.

Estoy totalmente convencido de que nuestro magisterio se encuentra a la altura de los retos que enfrenta la nación. Estoy seguro de que el magisterio seguirá trabajando, como hasta ahora lo ha hecho, en su propia superación.

Con esta confianza, queridas maestras, queridos maestros, en mi nombre y en el de todos los mexicanos, vuelvo a decirles, de todo corazón: muchas gracias por su labor y muchas felicidades en éste, su día.


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