México, D.F., 26 de mayo de 1998.

Versión estenográfica de las palabras del presidente Ernesto Zedillo, durante la comida que le ofreció la colectividad Hispano-Mexicana, en el salón "La Troje" de la "Hacienda de los Morales", en esta ciudad.

Excelentísimo señor José Ignacio Carbajal, embajador de España en México;
Distinguidas y distinguidos integrantes de la Colectividad Hispano-Mexicana;
Señoras y señores:

A mi esposa, Nilda Patricia, y a mí nos da mucho, mucho gusto reunirnos con tan apreciados miembros de la comunidad hispano-mexicana. Gracias por la invitación, gracias por la paella, gracias por la música que de manera tan bonita ha dirigido el maestro Esteva; pero sobre todo, gracias, muchas gracias por su compañía. (Aplausos).

Quienes integran esta comunidad han contribuido, de manera generosa y con excelencia, a enriquecer la cultura, las artes, la ciencia, la economía y el deporte de México, y no hablo de lo del deporte por lo del Toluca (risas y aplausos). Yo estaba pensando en cosas de los años 30, 40, 50. Así me recibió en la calle, una vez más, con una sonrisa burlona, pero la próxima temporada vamos a ver (risas).

Los españoles y los hijos de los españoles que han llegado a México en diversos momentos, son los mejores testigos de la hospitalidad, la solidaridad y el sentido profundamente humano con el que México ha recibido a personas de muy distintos orígenes, y gracias a eso México se ha nutrido de muy diversas culturas.

Ustedes son ejemplo de una comunidad que supo integrarse a la sociedad mexicana, y trabajar en beneficio de sus familias y también del país que los recibió con los brazos abiertos. Allí están los artistas e intelectuales que han contribuido a fundir lo español y lo mexicano; allí está la que fue, primero, la Casa de España en México, y ahora es nuestro gran Colegio de México; allí están el Ateneo Español y el Colegio Madrid; allí están las empresas industriales, comerciales y bancarias que contribuyen al crecimiento de nuestra economía y a la creación de los empleos que tanta falta hacen en nuestro país; allí están tantas tradiciones y fiestas que compartimos y disfrutamos.

Agradezco, por supuesto, muy cumplidamente las gentiles palabras de nuestro amigo Valentín Díez Morodo que, en una mínima parte, compensan el daño moral que me hizo hace algunas semanas con esa goliza (risas y aplausos). Es que es un hombre tan eficiente, usted lo sabe, ¿no?, yo le pedí, le exigí que arreglara ese equipo, pero no tanto. Espero que compenses un poquito la próxima temporada.

Pero, si ustedes me lo permiten, tocaré otros temas que ya no sea el de futbol, tocaré algunos de los temas a los cuales se ha referido Valentín. Sobre el primero de estos temas: la marcha de nuestra economía. Que puedo hacer, sino compartir con mucha convicción los conceptos expresados por él.

Los cambios estructurales que hemos emprendido los mexicanos para nuestra economía desde hace varios años, le han dado a esta economía de nosotros mayor solidez, pues la han transformado, de una economía prácticamente cerrada y con una muy excesiva intervención estatal, a una economía abierta y con mayores espacios para las iniciativas y la participación de los particulares.

En otras palabras, hemos paulatina pero firmemente, venido transformando los fundamentos que nos permitirán tener, sin duda, una economía con crecimiento sostenido, con crecimiento dinámico y sustentable. Ahora el reto es consolidar estas nuevas condiciones para que el crecimiento, en verdad, sea duradero y se pueda generar el millón de empleos que cada año se requiere en nuestro país. Sólo así lograremos ir elevando, gradual pero claramente, los niveles de vida de nuestra población.

Por eso es que estamos absolutamente decididos a perseverar en la estrategia adoptada, estrategia que está dando buenos resultados, que no nos interesa que sean espectaculares, pero sí firmes y muy bien arraigados.

A pesar de los problemas y las dificultades, aún cuando siempre habrá nuevos retos que enfrentar, estamos avanzando y tenemos buenas perspectivas para el futuro.

La información sobre el desempeño de la economía durante el primer trimestres de este año, avala la confianza que ha manifestado Valentín. La producción sigue creciendo a buen ritmo y sigue reduciéndose el desempleo, y esto hay que ponderarlo en el contexto de condiciones particularmente difíciles que hemos enfrentado durante este lapso. A saber, la caída en los precios del petróleo y las turbulencias financieras que nos han llegado de la crisis asiática.

Tengo la confianza en que estos resultados sean el mejor mensaje para todos los partidos políticos --como lo han hecho los sectores productivos--. Se convenzan de que es necesario seguir trabajando con las premisas que hoy se reconocen en todo el mundo como básicas, para lograr y sostener el crecimiento de la economía y que este crecimiento se traduzca, en efecto, en beneficios tangibles para las grandes mayorías.

Una de estas premisas es reconocer plenamente el fenómeno irreversible de la globalización con todo lo que implica: mayor interdependencia entre todos los países y todas las regiones del mundo; el movimiento impresionantemente veloz de la información; la movilidad igualmente rápida del capital financiero de un punto a otro del planeta; la mayor competencia por los mercados; la necesidad de una permanente actualización tecnológica.

Estos son hechos sobre los que no vale la pena lamentarse, pues las lamentaciones --ustedes lo saben muy bien-- siempre son improductivas, son hechos que debemos aceptar y aprovecharlos en nuestro propio beneficio.

Lo mejor para lograrlo es preservar en otras de esas premisas que ya se aceptan en todo el mundo, la disciplina fiscal y monetaria, como la necesidad de reducir la inflación y lograr, además, una tasa de ahorro suficiente para financiar las inversiones, de manera que no dependamos en demasía del capital que llega de fuera, y también tener un sistema financiero sólido con mecanismos adecuados de regulación y de supervisión.

Al igual que en México, desde hace mucho tiempo, en todo el mundo se reconoce la obligación que tiene el Estado de crear condiciones que conduzcan a una mejor distribución del ingreso y de la riqueza, y esto me lleva a otro de los temas que Valentín tocaba en su intervención: el de la superación de la pobreza y la desigualdad.

Los mexicanos queremos y necesitamos el crecimiento económico, pero no como un fin en sí mismo, sino como el medio indispensable para responder a las graves carencias y rezagos sociales que todavía existen en nuestro país. El crecimiento es, en primer lugar, el medio para seguir creando los empleos que demanda una población que sigue creciendo, y en la que además, ahora crece más rápidamente la población que demanda un puesto de trabajo.

El crecimiento de la economía es también el medio para contar con más recursos, para seguir fortaleciendo las políticas de apoyo social, la educación y la capacitación, la alimentación y la salud, la vivienda y los servicios urbanos, las carreteras, los caminos, el apoyo a la agricultura; en fin, todas esas cosas que tiene gran impacto en los grupos sociales mayoritarios de la población, señaladamente, los que viven en condiciones de pobreza.

Quiero referirme, por supuesto, a otro tema que trató Valentín y que sé que es una de las mayores preocupaciones de todos los mexicanos, y que es un tema por razones muy tristes y muy trágicas. Sé que ha tocado a muchos de los miembros de esta comunidad, por supuesto, tristemente, el tema de la seguridad pública.

Como lo he señalado durante las últimas semanas, el gobierno es y debe ser, el primero en reconocer que nuestro país está viviendo una muy grave, gravísima crisis de seguridad pública. Frente a este problema, aunque ha habido algunos avances, estamos muy lejos de haber obtenido los resultados que, con toda razón, espera y demanda la población.

Con el fin de responder con eficacia a los muy difíciles retos que estamos enfrentando en este campo, hemos estado trabajando durante los últimos meses en un nuevo programa de seguridad. Este trabajo, necesaria y convenientemente, ha incluido la participación de las autoridades de todas las entidades federativas, pues para enfrentar un problema que se extiende en todo el país, debe existir una coordinación que se muy efectiva entre los tres órdenes de gobierno.

Por eso, próximamente, la Secretaría de Gobernación, dará a conocer los detalles de este programa, que tendrá --como aquí se ha sugerido-- un carácter integral; tomará en cuenta los diversos aspectos que intervienen en este gravísimo problema.

Pero para que el programa funcione verdaderamente, es fundamental que todos participemos y, en primer lugar, las autoridades, aplicando con todo rigor las leyes, para que, quienes decidan infringirlas lo piensen dos veces.

Además, es preciso desarrollar entre los ciudadanos una cultura de cero tolerancia frente a la delincuencia, que todos sepamos que tolerar o cometer infracción, que pueden parecer pequeñas, es el camino por el que pueden llegar a justificarse conductas que dañan muy gravemente a la sociedad.

Si todos cumplimos, ganaremos la batalla a la delincuencia. Les aseguro que el gobierno que presido asume plenamente la parte que le corresponde para devolver la seguridad a las personas, a las familias y a las empresas. Vamos a seguir trabajando en lo económico, lo político, lo social y lo jurídico. Vamos a redoblar nuestros esfuerzos y vamos a dar más de nosotros mismos, para superar los desafíos que nos presenta este fin de siglo.

Hay otro tema fundamental que también tocó Valentín, y es uno en el que los mexicanos hemos conseguido avances importantes: es el tema de la democracia.

Tras muchos años de trabajo de los partidos políticos y las autoridades y, sobre todo, de una conciencia y una participación crecientes de la ciudadanía, hemos llegado a una normalidad democrática que ahora debemos refrendar y consolidar.

La democracia es libertad, es participación, es selección, pero también la democracia es responsabilidad.

La ciudadanía ha venido cumpliendo su parte, ejerciendo sus libertades, desplegando su participación, practicando la elección de lo que se identifica más con sus intereses.

Para corresponder a esta tarea que ha desarrollado la ciudadanía, es preciso que todos quienes tenemos una representación y una función pública, cumplamos con nuestra labor.

Todos, quienes integramos los Tres Poderes de la Unión y los tres órdenes de gobierno, tenemos un mandato muy claro: servir a la nación y servir a los mexicanos, sin excepción.

A lo largo de mi gobierno, mi convicción ha sido y siempre será, que en particular, entre el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo, debe prevalecer una relación de respeto mutuo, de equilibrio republicano, de corresponsabilidad efectiva y eficaz.

Quienes hemos recibido un mandato, a través del sufragio, tenemos la responsabilidad de cumplir nuestra tarea para asegurar la buena marcha de la nación. El mandato de las urnas, es decir, el mandato de la democracia es para que mediante el diálogo y la negociación, arribemos a los acuerdos que en verdad beneficien al pueblo de México.

El mandato de la democracia es para construir y para avanzar, nunca para obstruir o retroceder; el mandato de la democracia es para unir más a los mexicanos, nunca para dividirnos; el mandato de la democracia es para sumar el esfuerzo de todos, nunca para dispersarlo o para condicionarlo a intereses individuales o de grupo.

Estoy enteramente convencido de que las luchas democráticas que supieron dar muchas generaciones de mexicanos, y la participación alerta y resuelta de los mexicanos de hoy, son una clara prueba de que lo que queremos es una plena democracia. Una democracia que nos garantice más estabilidad; una democracia que nos garantice más gobernabilidad; una democracia que nos garantice progreso con justicia.

En este sentido se equivocan quienes pretenden que la democracia es confrontación, encono y discordia. La democracia es debate, sí, pero para esclarecer posiciones y construir acuerdos.

La democracia es pasión, sí, pero siempre sujeta a la razón y, sobre todo, sujeta al interés superior del país.

La democracia es diversidad, sí, pero enmarcada en la fidelidad y fraternidad que nos deben unir a todos como mexicanos.

Y la democracia es también ejercicio leal, esmerado y eficaz, de la representación popular y de la función pública. Esta responsabilidad no admite excepciones.

En el Poder y la función públicos, todos tenemos el deber de trabajar con patriotismo y con visión, asumiendo a cabalidad que así como hay decisiones legislativas, ejecutivas o judiciales, que son populares y muy fáciles de tomar por lo mismo, así también hay decisiones legislativa, ejecutivas o judiciales que no nos van a ganar popularidad y que nos van a exigir altura de miras y voluntad firme.

En la democracia, como en ningún otro sistema político, nadie que haya recibido un mandato popular puede rehusar su responsabilidad o ejercerla sólo cuando se trata de decisiones cómodas o populares.

Tengo absoluta confianza de que en México, poco a poco, se está edificando una nueva cultura política de responsabilidad. En particular, tengo toda la confianza de que señaladamente entre el Poder Ejecutivo y el Congreso de la Unión, edificaremos una nueva cultura política basada en el ejercicio pleno de las facultades constitucionales e inspirada en la generación de certidumbre, confianza y tranquilidad para la ciudadanía.

Una nueva cultura de responsabilidad que atienda más y mejor a los ciudadanos; una nueva cultura de responsabilidad que sepa proporcionar con oportunidad a la población, las bases jurídicas, los medios políticos y las estrategias para logra más seguridad, más oportunidades y mejores condiciones de vida.

Tengo absoluta confianza en que edificaremos una nueva cultura política, celosa de respetar los principios y las preferencias de cada quien, pero orientada hacia el acuerdo, hacia el acuerdo que es base de la convivencia social y la gobernabilidad democrática, y que es la exigencia indeclinable de los mexicanos de hoy.

Sé bien, que hoy como ayer y como siempre, en las tareas de edificar un México próspero y equitativo, contaremos con esta muy querida comunidad que tanto ha dado a nuestro México; esa comunidad de la que ustedes son representantes tan destacados.

Y para terminar --y observando que hay vaso o copas con cava en su mesa--, yo propongo un brindis por España, por México y por esta comunidad hispano-mexicana. ¡Salud!

-oooooo-