Tuxtla Gutiérrez, 29 de mayo de 1998.
Versión estenográfica de las palabras del
presidente Ernesto Zedillo, durante la Evaluación y Perspectivas
de los Programas del Sistema DIF Estatal, que encabezó en el
parque recreativo "Caña Hueca", en esta ciudad.
Señor Gobernador;
Señor Presidente municipal;
Señoras madres de familia;
Señora Presidenta del DIF municipal;
Maestras;
Amigas y amigos de Chiapas y de Tuxtla Gutiérrez:
Me da mucho gusto poder regresar a su estado
por tercera ocasión en un mes, por segunda ocasión en menos de
dos semanas, y quiero decirles que es mi propósito estar
regresando a este estado con esa misma frecuencia, si ustedes me
lo permiten. (Aplausos).
Y creo que tengo muy buenas razones para estar
regresando a Chiapas. Tengo, por supuesto, la solicitud del
señor Gobernador de que así ea, porque él considera que para
enfrentar y superar los problemas del estado es muy importante
que trabajemos como uno solo, el Gobierno de la República, el
gobierno del estado y los gobiernos municipales.
Tengo también el testimonio y la demanda de
los propios chiapanecos que me han pedido que esté yo muy cerca
de esos problemas, para que desde el centro de la República,
desde la capital de la República, podamos tomar aquellas
decisiones que tienen que ver con Chiapas, con cabal conocimiento
de causa.
Y la tercera razón, y ésta no me la tomen a
mal, no es una frivolidad, es que la verdad me gusta mucho su
estado y me gusta mucho su gente. (Aplausos). Entonces, pues,
aquí me han tenido y aquí me van a tener.
Hoy hemos hecho una gira muy interesante el
señor Gobernador y yo, y quisiera comentarles antes de llegar al
tema que nos ocupa en esta reunión y que es uno muy importante,
pero quisiera comentarles un poco lo que hemos vivido esta
mañana.
Primero, fuimos a la comunidad de "El
Paraiso" en el municipio de Sabanilla, y fue realmente una
reunión muy importante, yo diría muy conmovedora, porque
Sabanilla, ustedes lo saben, es uno de los municipios que se han
visto afectados por la violencia, por el conflicto, por el
enfrentamiento y, además, en esa reunión tristemente
encontramos a muchas personas que, de manera directa se han visto
afectadas por esa violencia. De hecho, hace relativamente poco
tiempo, gracias al esfuerzo de conciliación del señor
Gobernador, 41 familias que estuvieron durante algún tiempo
desplazadas, expulsadas por la violencia de esa comunidad, han
podido regresar.
Tuve la oportunidad de escuchar a las
autoridades locales, al Presidente municipal, a un comisario
ejidal, pero quizás más interesante que eso fue el escuchar,
primero, a un señor que forma parte de ese grupo de 41 familias
que fueron desplazadas y expulsadas por la violencia, a un joven
que ha estado participando activamente en otras comunidades y,
especialmente, en una que se ha visto también afectada por este
problema. Y ellos me explicaron cuál es la situación, sobre
todo, me dijeron que ya están hartos de la violencia; que
conocen que nada impide más la atención a sus problemas que esa
amenaza de violencia que han estado sufriendo.
Pero no nos quedamos ahí, después de que yo
los escuche y de que les di mi discurso --que espero no les haya
aburrido mucho--, al salir pude platicar con muchas personas y la
verdad, lo que ahí escuché es algo muy trágico, es algo muy
doloroso.
Habré tenido la oportunidad de platicar, no
se, con 10, 15, 20 personas y, tristemente, casi cada una de
ellas me ofreció un testimonio muy doloroso en el cual me
decía, una señora me decía: "yo perdí a mis
esposo", otro señor, me decía: "a mi me mataron a mi
esposa y me quede con 7 hijos". Otro señor me contaba de su
hijo, cómo estando a punto de terminar la escuela secundaria,
precisamente el día que iba a recoger su certificado, en una
emboscada lo mataron.
Y no los quiero entristecer más de lo que yo
me entristecí esta mañana. Pero después de todo, lo que me
quedaba claro, de escuchar a esa gente, es que no había rencor;
no había ánimo de venganza. Efectivamente algunos me dijeron
que querían justicia. En algunos casos saben, exactamente, quien
cometió esos crímenes y quieren que la autoridad actúe, pero
uno de ellos, uno de los jóvenes que hablo en el acto formal, me
decía: "lo que pasó, paso y que se quede atrás. Queremos
ver para adelante. Lo que queremos es que haya un reencuentro,
que haya reconciliación y que todos entendamos que con la
violencia no vamos a arreglar nada".
Pienso que esas son las voces que deberían de
escucharse. Estoy de acuerdo en que quienes se han inconformado,
pues, cada vez que habla el Presidente de la República, o se
tapan los oidos o escuchan, pero, no quieren responder, porque no
estan interesados en escuchar al Presidente de la República ni
hacer caso a sus llamados. Esta bien, están en su derecho.
Pero, a lo mejor debieran prestar atención a
testimonios como los que yo escuche esta mañana. Que no escuchen
al Presidente de la República, que escuche a ese señor, muy
joven, por cierto, con 7 hijos que perdió su esposa; que
escuchen a esa señora que nos pidió apoyo, al Gobernador y a
mi, para poder regresar a su casa de la que fue expulsada con
violencia, con su hijo. Y me dijo: "mi hijo ya no va a
regresar, él ya no quiere estar ahí; pero para mí ésa es mi
casa, perdí todo, pero si ustedes me ayudan, yo quiero regresar,
yo no quiero perder mi casa, yo quiero volver a hacer mi vida
ahí".
Que escuchen el testimonio de ese padre que
perdió a su hijo de 18 años y que nadie le va a regresar, y que
escuchen que esa gente esta hablando sin rencor.
Esa gente no quiere venganza; esa gente lo que
quiere es vivir en paz, tener tranquilidad y tener la oportunidad
de trabajar.
Que no escuchen al Presidente de la República,
pero que escuchen quienes se han inconformado y que nos tienen
bajo la amenaza de la violencia, que escuchen la voz del pueblo,
que escuchen la voz de la gente que, supuestamente, ellos quieren
defender. Que reconozcan que con la violencia no vamos a llegar a
ningún lado.
Ni en México ni en ninguna parte del mundo, ha
habido un solo problema humano que pueda arreglarse con la
amenaza de la violencia.
Entonces, si son sinceros --y yo quiero pensar
que quienes se han inconformado son sinceros-- en sus ideales, de
servir a la gente, pues acaban reconociendo, de una vez por
todas, que con la violencia no van a servir a la gente.
Que además reconozcan que todo eso que se ha
dicho por parte de ellos, que lo que el gobierno quiere es la
violencia, que lo que el gobierno quiere es derrotar, que lo que
el gobierno quiere es exterminar, es falso.
Después de estos años debe estar claro que ni
el gobierno, ni el Presidente de la República, creemos en la
violencia. Oportunidades, provocaciones, ha habido muchas, y sin
embargo, ante cada provocación, ante cada amenaza lo único que
ha habido es tolerancia, paciencia y la insistencia de que todo
mundo debe renunciar al recurso de la violencia.
Estoy serguro que así piensa la gran mayoría
y yo diría, prácticamente, la totalidad de los chiapanecos.
Entonces, yo digo que no escuchen la voz del Presidente de la
República, pero que escuchen la voz de los chiapanecos. O, ¿no
están de acuerdo?
-Voces a coro: ¡Sí!
-Presidente Ernesto Zedillo: Hay otros
que también tienen que ayudar en la solución del problema. Hay
algunas personas que escudándose en su jerarquía y alegando
motivaciones humanísticas y religiosas, desde hace ya muchos
años, han contribuido a estas condiciones de enfrentamiento y de
división. Después de estos años, esas personas, que han puesto
su parte, su mala parte, en la creación de este problema tienen
que rectificar.
Desde aquí, como lo dije esta mañana, en
"El Paraíso", le pido a los teólogos de la violencia
que rectifiquen, que entiendan que ése no es el camino. Que no
hay ninguna causa humana, ninguna causa religiosa, ninguna causa
política que justifique la violencia y que, por lo tanto,
abandonen sus proyectos políticos y se sumen también al
proyecto de la reconciliación, al proyecto del encuentro, al
proyecto de la paz, del progreso y de la justicia social.
Después de "El Paraíso" fuimos a
Yalcuc --¿verdad, señor Gobernador?--. Y fuimos a una ceremonia
también muy emotiva donde formalmente el señor Gobernador y yo
arrancamos --y digo formalmente porque de hecho el programa ha
arrancado meses atrás-el Programa PROGRESA. PROGRESA es un
programa que ha venido conformando el Gobierno de la República,
en coordinación con los gobiernos estatales para enfrentar el
fenómeno de la pobreza extrema, ahí donde es más duro de
enfrentar, en esas comunidades y en esas familias en donde sólo
si se da un apoyo integral podremos romper el círculo vicioso de
la pobreza.
Fue muy interesante, porque no únicamente
firmamos el papel en el cual el Gobierno de la República
compromete los recursos para hacer este programa en Chiapas, sino
que además escuchamos varios testimonios de madres de familia,
de promotoras, de un niño y de maestros que ya están
participando en el programa.
A mi me animó mucho, a través de esos
testimonios, el darme cuenta que es un buen programa, y es un
programa que va a funcionar aquí en su estado.
Hemos establecido este año una meta conforme a
los recursos con los que disponemos: Llegar a beneficiar ya en
fin de año a poco más de 113 mil familias chiapanecas, lo que
quiere decir que estarmos ya cubriendo con los beneficios de este
programa a más de 500 mil chiapanecos.
Estoy seguro que en unos meses o en un año,
cuando vayamos el señor Gobernador y yo a algunas comunidades
donde este programa haya estado trabajando por algún tiempo, nos
vamos a encontrar muy buenos resultados. Vamos a encontrar que
niños y niñas que antes no iban a la escuela, ya lo están
haciendo; vamos a encontrar que niños que habían abandonado la
escuela han regresado a la escuela; vamos a encontrar mejores
rendimientos escolares; vamos a encontrar, en pocas palabras, que
gracias a este programa, que no es un programa paternalista como
algunos quisieran calificarlo, es un programa que trae un gran
sentido de responsabilidad social.
Es un programa, ciertamente, solidario de parte
de la sociedad mexicana hacía los más pobres de los pobres. Y
digo de la sociedad mexicana, porque este programa, como todos
los que llevamos a cabo, los hace el gobierno con recursos de la
sociedad mexicana. Y es un programa que, estoy seguro a esas
miles de familias abrá de abrirles una nueva y muy distinta
perspectiva.
Ahora, en esta reunión, hemos hecho una
evaluación del programa de desayunos escolares.
Es un programa en el cual cree mucho el
Gobierno de la República. Por eso, desde 1995, a pesar de las
circunstancias económicas muy difíciles, y que no crean que
sigan siendo ahora mucho menos difíciles, pero nos estamos
esforzando y estamos logrando salir adelante.
Es un programa al que le impusimos un nuevo
vigor, un nuevo ímpetu y que, afortunadamente, gracias a la
participación de gobiernos municipales y estatales, y aquí
quiero --si no le doy dinero al Presidente municipal de Tuxtla,
por lo menos darle cariño y reconocimiento--, precisamente,
tomar ese ejemplo que él nos dio y que es muy claro.
Hay aquí en Tuxtla, un ayuntamiento que tiene
enormes carencias económicas, porque aquí en Tuxtla Gutiérrez
se tiene una de las tasas de crecimiento más altas de población
de cualquier ciudad del país, donde hay enormes rezagos, donde
todos los días, estoy seguro, que el Presidente municipal está
sufriendo demandas y presiones para hacer crecer los servicios,
para satisfacer todas esas necesidades que no están satisfechas.
Y, sin embargo, el ayuntamiento está adaptando
6 millones de pesos al año, que se podrían dedicar a muchas
otras cosas, quizá cosas que dan más prestigio político. Y,
sin embargo, el ayuntamiento con todas sus carencias, los está
dedicando a desayunos escolares, llegando aquí a 20 mil
desayunos escolares diarios.
Por eso, estamos llegando a 4 millones de
desayunos escolares todos los días en la República, porque le
entramos, ciertamente, el Gobierno Federal; pero le estamos
entrando también los gobiernos estatales y también gobiernos
municipales, como el gobierno municipal de Tuxtla Gutiérrez.
Creo que poner el dinero en los niños, poner
el dinero en algo que sirve para la educación de los niños, es
el mejor lugar donde podemos poner el dinero de la República, el
dinero de los estados, el dinero de los municipios.
Así que haremos un esfuerzo para apoyar más a
Chiapas en este y en otros programas, y seguiremos trabajando
juntos. Tengo gran confianza en que iremos superando problemas,
en que vamos a ir encontrando los caminos, pero también es muy
importante que en esos caminos nos encontremos con quienes hasta
ahora han preferido estar apartados.
No me cansaré de decir que el Gobierno de la
República no cree en la violencia: el Gobierno de la República
no utilizará la violencia. Eso si, no permitiremos desviaciones
adicionales del Estado de Derecho, porque eso está en la ley y
eso es algo que tenemos que grarntizarle a todos los mexicanos.
El Gobierno de la República no utilizará el
lenguaje ni la amenaza de la guerra, porque, por definición, no
puede haber guerra entre mexicanos.
El Gobierno de la República, como sé que es
también la convicción del señor Gobernador, mantendrá
abiertas todas las puertas, mantendrá abiertos todos los
caminos.
El Gobierno de la República no tiene
prejuicios, el Gobierno de la República no tiene temas
prohibidos. El Gobierno de la República está y estará siempre
abierto al diálogo. Lo hace con la convicción de que así
servimos mejor a nuestra Patria y así servimos mejor a nuestros
hermanos y a nuestras hermanas de Chiapas.
Gracias.
-oooooo-