23 de octubre de 1995

El Primer Mandatario se congregó con representantes de la comunidad médica al conmemorarse el Día del Médico, en el salón Adolfo López Mateos de la residencia oficial de Los Pinos. En el acto, entregó al doctor Salvador Zubirán Anchondo el Diploma al Mérito Médico 1995, en reconocimiento a su trayectoria de 72 años al servicio de la medicina.

Durante el festejo, el Jefe del Ejecutivo Federal pronunció el siguiente discurso:

Señor doctor Hugo Aréchiga,
Presidente de la Academia Nacional
de Medicina;

Muy admirado maestro y
doctor Salvador Zubirán;

Señores ex Secretarios de Salud;

Muy estimados médicos mexicanos:

Me da mucho gusto compartir con ustedes la celebración del Día del Médico. Los felicito de todo corazón.

Como todos los mexicanos, siento un gran orgullo por nuestros médicos. Mi familia tiene como la gran mayoría de las familias de México una especial gratitud por quienes nos han devuelto más de una vez la salud quebrantada. Son los médicos, junto con los maestros, los profesionales más apreciados en todas las sociedades. Su vocación de servicio, su disposición permanente a atender a quien lo requiera, su capacidad para salvar y mantener la vida les confiere un lugar muy especial en la consideración y en el afecto de todos los grupos sociales.

Hoy constatamos, una vez más, su disciplina profesional, pero sobre todo su compromiso social; hoy comienza felizmente la Tercera Semana Nacional de Salud; hoy celebran ustedes su día trabajando intensamente por la salud de todos los mexicanos en todo el territorio nacional, dentro y fuera de los centros de salud, clínicas y hospitales.

Esta solidaridad la comprobamos cotidianamente, en los tiempos normales, como en los tiempos difíciles; tiempos como los que hoy vivimos, en los que los servicios de salud han trabajado infatigablemente, incluso, en condiciones adversas.

Ante los desastres naturales que hemos tenido que enfrentar recientemente en varios estados de la república, he podido comprobar personalmente que son ustedes los aliados inmediatos de las poblaciones afectadas y damnificadas. Con profesionalismo, con entrega, con bondad, colaboran con la organización social y con las instituciones para evitar epidemias, atienden a los heridos y a los enfermos y consuelan y confortan a quienes han perdido a un ser querido, su hogar o sus pertenencias.

En todo momento, la salud es sin duda un factor central para el bienestar y el progreso nacional, sólo una sociedad saludable será plenamente justa, productiva y participativa.

El Gobierno Federal da la más alta prioridad a la salud, es uno de los ejes fundamentales de nuestra política social. Aun en medio de las dificultades económicas hemos procurado incrementar el gasto público en salud, y mejorar hasta donde nos ha sido posible las condiciones de trabajo de médicos y enfermeras, aunque reconocemos que en este aspecto es mucho lo que nos falta por hacer.

En México contamos con instituciones públicas y con una infraestructura para la salud que nos enorgullecen. Es mucho lo que hemos logrado para atender una población que ha crecido aceleradamente. Se cuentan por miles las instalaciones públicas de salud que todos los días abren sus puertas para atender a quienes lo requieren, incluso, en zonas muy apartadas e incomunicadas del país.

Por todas partes encontramos también instituciones y consultorios particulares, con médicos que atienden día y noche a sus pacientes. Es mucho lo que tenemos, y sobre esa base es mucho más lo que debemos hacer.

Hoy nos corresponde dar nuevos pasos en la expansión de los servicios de salud y en la mejoría de su calidad.

Hemos iniciado un proceso de reforma del Sistema Nacional de Salud, que recoge los planteamientos de la comunidad médica de México, que deseamos seguir recibiendo de ustedes en beneficio de la salud futura de los mexicanos.

Quién mejor que los médicos conoce el sistema, lo viven cotidianamente, lo operan, y estoy seguro que en más de una ocasión han padecido sus deficiencias, así como reconocen sus virtudes.

El Gobierno de la República está decidido a avanzar en la reforma, construyendo consensos, sobre todo, con ustedes apreciables médicos, como con los demás trabajadores del sistema de salud.

Juntos vamos a configurar un sistema de salud más eficiente y sobre todo, más equitativo. La reforma del sistema de salud se inscribe en el firme propósito de renovar nuestro federalismo.

En varias de las regiones de más alta marginación, iniciamos ya la integración y la entrega de un paquete de servicios básicos de salud, ésta será la estrategia fundamental para ampliar la cobertura y hacer efectivo el derecho constitucional a la protección de la salud, que nos asiste a todos los mexicanos.

En el Gabinete de Salud creado desde el inicio de esta administración, se coordina y se da seguimiento a los avances de la reforma que ahora impulsamos. Ahí se da cuenta de los logros en la política de salud y se diseñan soluciones para los problemas que enfrentamos. En toda esa información subyace el esfuerzo de los trabajadores de la salud, la energía humana, y humanista también, que sostiene a todo el sistema.

México es un país con una espléndida tradición médica. En nuestra historia se distinguen figuras que fueron, y siguen siendo decisivas en la creación de nuestras instituciones públicas y privadas.

Médicos eminentes que han gozado de gran prestigio nacional e internacional. Médicos que han sido también líderes sociales, educadores y científicos de gran renombre.

Por eso hemos decidido crear el reconocimiento al Mérito Médico, y que se entregue precisamente en este día, el Día del Médico. Y qué mejor manera de iniciar este reconocimiento, que estoy seguro se va a arraigar como una firme tradición en la sociedad mexicana, que hacerle entrega de él a ese gran maestro, a ese gran médico que es nuestro admirado, doctor Salvador Zubirán.

Para mí es particularmente importante que esta presea se haya otorgado en esta primera ocasión a usted querido maestro, quien es sin duda una de las grandes figuras de la medicina de México.

Maestro Zubirán:

Muchas gracias por su sabiduría. Muchas gracias por sus investigaciones. Muchas gracias por las instituciones que usted ha impulsado. Muchas gracias por su labor como médico. Muchas gracias por su servicio a los mexicanos. Muchas gracias, doctor Zubirán, por su servicio a la patria.

Amigas y amigos;

Médicos y paramédicos:

El gremio que ustedes dignamente constituyen es un orgullo para la nación y una fuente vital de tranquilidad para las familias mexicanas. Los felicito por ello en su día, que es la forma en que la memoria de los mexicanos les da las gracias por su labor de todos, de todos los días.

Quiero exhortarlos a seguir manteniendo muy en alto el enorme prestigio de que goza su profesión y a conservar con servicios de calidad, con dedicación profesional y con calidez, el gran afecto y el gran respeto que han sabido despertar entre todos los mexicanos.

La tarea que ustedes desempeñan día tras día fortalece nuestro ánimo y contribuye de manera esencial al desarrollo equitativo al que aspiramos todos. De ahí la gran trascendencia que tiene cada consulta que ustedes dan y cada curación que logran. En este noble esfuerzo que mucho los distingue, cuenten siempre con el apoyo decidido del gobierno y del Presidente de la República.

Muchas gracias y ¡felicidades!